|
La
primera vez que llegamos a Nazaré era sábado y avanzada la hora. Caía
el Sol en el horizonte y aquella despedida del astro rumbo a América, nos
pareció la más hermosa del mundo. Nos hartamos de contemplarla. El mar
estaba como un plato y apenas cuatro olas hacían sonar el batir del agua
contra el arenal de la formidable Praia do Norte.
El
Sol, entre los pinares acababa por decir adiós, mientras arriba, en el
otro Nazaré, el situado en el promontorio, el llamado Sítio da Nazaré,
los altavoces de la plaza no paraban de lanzar a los cuatro aires -más
que vientos- el pasodoble "Manuel dos Santos".
Había
"tourada a la portuguesa" en la Praza de Touros do Sítio aquel
sábado, como todos los sábados del verano sucede en una de las más
castizas plazas lusitanas. Y allá nos fuimos, directos, a obtener los
"ingresos" en la "bilheteira" (taquilla).
|

|
Los
que no podemos dejar pasar un verano sin estar por allí, sabemos
de la "caldeirada de peixe á nazarena" que preparan en “O
Buzio”, muy cerquita de la plaza de toros. Sabemos de las "farturas"
(churros portugueses rellenos de chocolate, fresa y miel) que vende “A
Pina” en su puesto fijo de la plaza de O Sítio
|
Luego,
allí, muy cerca, en un restaurante llamado entonces "Don Dinís"
(hoy desaparecido), dimos cuenta de un "bacalhau á lagareiro",
salpicado de "berbigâo" (berberechos), que regado con un blanco
bien tostado y bien frío de la Cooperativa de Ourem, fue como para
terminar exclamando ¡Viva Portugal!. Y después : la tourada...
La
noche era excepcional. En la barandilla alta del anfiteatro de la entrañable
plaza de la Sociedad Recreativa Planalto seguimos el ir y venir de
cavaleiros (rejoneadores) y forcados, mientras la Luna alumbraba los
montes de Pederneira y el camino de Alcobaça...
La
banda de Maiorga, feligresía próxima a Alcobaça, atacaba solo un par de
pasodobles; el resto era marchas y algunas, americanas, de John Philip
Sousa, con lo que la vuelta al ruedo del rejoneador portugués, Paulo
Caetano, era aún mas triunfal... Al principio era chocante, ciertamente,
pero al final, vueltos allí más veces, acababas por acostumbrarte. Hoy,
hasta tiene banda propia la Sociedad Recreativa Planalto, propietaria de
la plaza; banda de música de niños, niñas y jovencitos, con sonido semi-rumbero,
pero con los pasodobles habidos y por haber, “á preceito”, como dirían
los portugueses...
|
 |
Cuando
la corrida de toros termina –siempre nocturna los sábados de verano--,
en Nazaré no hay desolación, sigue la Fiesta
|
Cuando
la corrida de toros termina –siempre nocturna los sábados de verano--,
en Nazaré no hay desolación, sigue la Fiesta. Es momento para ir a los
muchos bares que aún en la zona alta de "el Sitio" están
abiertos a esas horas, esperando por los aficionados que salen de los
toros. En algunos, como el llamado “Paulo Caetano”, aún se puede
hacer honores a esas horas a una "bifana" (filete de cerdo frito
en su jugo, puesto en pan, que sabe a gloria a la una de la madrugada)
acompañado de un vaso de vino verde que sale a presión como si de una
cerveza se tratase.
Y
aunque es madrugada, con todo, el funicular o elevador que lleva de la
zona alta de "O Sitio" al Nazaré moderno, situado a la orilla
del mar, abajo del gran promontorio… aún
espera por la Afición, para transportarla al Nazaré desarrollado,
cosmopolita, de paseo y animación nocturna, de bares de copas hasta bien
entrada la madrugada, si Verano es.
El
viejo pero bien conservado “eléctrico” (tranvía que asciende por la
montaña de Nazaré), nos baja desde O Sítio hasta el propio Nazaré
central, mientras en la noche la Luna se refleja en la mar océana que
besa una y otra vez las arenas de una de las mejores playas de Portugal :
la Central nazarena.
|

|
Hoy,
hasta tiene banda propia, la Sociedad Recreativa Planalto, propietaria de
la plaza; banda de música de niños, niñas y jovencitos, con sonido semi-rumbero,
pero con los pasodobles habidos y por haber, “á preceito”, como dirían
los portugueses...
|
El
gentío abarrota las terrazas y los bares apurando los últimos
“copos”. Suena la música moderna en los tres o cuatro pubs de moda,
mientras los caozinhos (perrillos) que en Nazaré aparentan abandonados,
pero que todo el mundo alimenta, se acuestan en esquinas de la
"marginal" (avenida junto al mar), próximos al enorme arenal
“bandera azul” de la UE.
Nazaré
noche...medio Ribatejo (la región interior próxima a Lisboa) allí
veranea. El resto, españoles o gallegos como nosotros mismos, transeúntes
mil de docenas de nacionalidades... recibidos por las mujeres de las siete
saias (faldas sucesivas que visten una sobre otra) y que insisten con su
particular acento : “¿Chambres, habitaciones, apartamentos...?. Son las
llamadas "chambristas", que buscan reunir unos euros en verano
con que hacer mejor frente al invierno, alquilando parte de sus viviendas
particulares.
Es
buena gente la de Nazaré, desde el más humilde al más sobrado. Gente
curtida en la solidaridad y el afecto, maltratrada tantas veces por la mar
océana; gente tan especial, tan suya y, sin embargo, tan dada a los demás...
Es
como si el espíritu de don Fuas de Roupinho viviera permanentemente en
ellos, para devolver en mil lo que reciben en cien...Don Fuas, noble
portugés de siglos pasados, que salvó su vida cuando perseguía a un
venado, gracias a la aparición divina en el mismo acantilado del Sítio,
impidiendo la caída de caballo y caballero desde altura impresionante y
sobre la mar océana…Don Fuas devolvió con creces, el gran favor
recibido...
Y
así hoy tenemos, con nosotros compartida, la devoción a la tan querida
Virgen, Nuestra Señora de Nazaré, en su templo de peculiar arquitectura
que enmarcado en la excepcional plaza del Sítio, nos recuerda donde está
enclavado, sabores entre coloniales americanos y ...africanos a veces, si
en lugar de ver el majestuoso templo, observamos aquellas otras
edificaciones que parecen propias de algunas poblaciones caboverdianas...
(la farmacia de dona Orlanda, la casa de su madre –q.e.p.d.-, etc.etc...).
Es
Nazaré, el de arriba y el de abajo, población única. O se ama
profundamente esta tierra y se acaba incluso disfrutando intensamente de
su indudable tourbillón veraniego , o se pone rumbo rápidamente a otros
lugares...
Pero
los que no podemos dejar pasar un verano sin estar por allí unos cuantos
días, sabemos que para sardinas, las de Casa Pires, que hay que ver cómo
las asa dona Alicia y las sirve su nieta Dalida, con pimientos, batata
cocida, ensalada y jarra de "vinho verde de pressâo"...
Sabemos
de la "caldeirada de peixe á nazarena" que preparan en “O
Buzio”, muy cerquita de la plaza de toros. Sabemos de las "farturas"
(churros portugueses rellenos de chocolate, fresa y miel) que vende “A
Pina” en su puesto fijo de la plaza de O Sítio.
Sabemos,
en el Nazaré de abajo, muy cerquita de la estación del funicular, de
esas almejas, mejillones, berberechos y frías cervezas que los bares de
las explanadas más próximas al elevador ofrecen al aire libre, en el
refrescar de las tardes de estío, bajo toldos y palmeras. Sabemos de cómo
es el ir y venir en la marginal, en el paseo marítimo, donde te cruzas
con tantos y tantos, y entre ellos nunca falta aquel anónimo ribatejano
que pasa allí quince días con su mujer y el perrillo que no falta en la
cita familiar de cada año.
Sabemos
de la privacidad de la playa del Puerto, a donde entras con el coche,
pagas el impuesto portuario y acabas en el arenal externo como si fuese en
tu playa privada. O, si seguir quieres, puedes tomar camino hacia la
salvaje playa del Salgado, festival del océano y de la tranquilidad, de
no aguantar absolutamente a nadie, mientras en la lejanía observas el
gran roquedal, espectacular promontorio del Sítio y, a sus pies, el
Nazaré de abajo, moderno, cada vez más populoso.
“Nazaré
es una inacabada sinfonía de olores y sabores capaz de enganchar al mas
inapetente de los mortales”, bien podríamos proclamar.
Quedan
ahora, en la invernía los recuerdos de aquellas buenas gentes nazarenas,
de las mujeres de pies descalzos que recuerdan en ocasiones un pasado no
tan distante; de las tardes-noches semanales de folklore nazareno,
con el rancho Ta-Mar; de las casi improvisadas sesiones de fados; de las
callejas estrechas interiores en donde proliferan los olores de "grelhados"
mil (asados al carbón), componiendo una sinfonía espectacular que
intercala el rastro de la sardina asada con el frango de churrasco
(pollo), el entrecosto na brasa (costillas) con las lulas grelhadas
(calamares)...
Pero
Nazaré es –por encima de todo- una profusión de sensaciones, paleta
inigualable de colores que van desde el blanco impoluto de sus casas al
azul incomparable de su mar océana.
Nazaré
es, igualmente, santo y seña de la Fiesta de los toros en Portugal. Lugar
taurino conquistado a pulso; local de turistas y lugareños, que
comparten, unos desde su ignorancia y curiosidad, otros desde su indudable
conocimiento, asiento en una de las plazas más acogedoras y entrañables
que hemos visto en nuestro dilatado peregrinar por esos escenarios de España
y Lusitania.
Fueron
los Toros los que nos llevaron por primera vez –hace muchos años-
a Nazaré. Gracias a los Toros y a aquella noche inolvidable, Nazaré quedó
entre nosotros para siempre y como algo muy propio.
Y
ahora, cuando recuerdas, lo haces también pensando cómo parece increíble
que en pleno siglo XVII, el mar aún llegaba a los montes próximos,
situados tras la población, en la feligresía de Pederneira...
Parece
increíble pensar que donde hoy está ese Nazaré central tan populoso y
concurrido, entonces era solamente mar océana.
Parece
así, igualmente, increíble que el mar haya retrocedido, permitiendo que
allí fijasen su residencia, ya en el siglo XVIII, los primeros
pescadores...
Es,
sin duda, el espíritu del gran almirante de don Afonso Henriques, don
Fuas de Roupinho, quien habita en el lugar y hace a los propios nazarenos
ser tan propios, tan orgullosamente suyos, pero también tan dados a
quienes les visitan.
Vete
a saber si no son aquellos versos de Fernando Pessoa, los que aquí
se hacen presentes :
“Linha severa de longínqua costa—
Quando a nau se aproxima ergue-se a encosta
Em árvores onde o Longe nada tinha;
Mais perto, abre-se a terra em sons e cores;
E, no desembarcar, há aves, flores,
Onde era só, de longe a abstracta linha.”
“O sonho é ver as formas invisíveis
Da distância imprecisa, e, con sensíveis
Movimentos da esp´rança e da vontade,
Buscar na linha fría do horizonte
A árvore, a praia, a flor, a ave, a fonte—
Os
beijos
merecidos da Verdade.
|
DATOS
PRACTICOS. El
mejor medio es el coche. Tomar en la autopista que une Oporto con Lisboa,
la salida de Leiría. De ahí, directamente, por Marinha Grande, una
carretera donde no se debe correr –demasiado urbana- hasta Nazaré.
Conviene,
desde Nazaré, visitar Alcobaça, Batalha, San Martinho do Porto, Fátima
y la propia Leiría, poblaciones situadas en un radio de unos 25/30 kms.
Los
precios no son caros en comparación con otras zonas turísticas de
Portugal.
El
clima es muy agradable, incluso en primavera y otoño. Existe el riesgo de
las nieblas matinales en algunos días del verano, pero generalmente acaba
saliendo el sol y la playa
sigue
siendo en la zona un buen disfrute.
Excelente
gastronomía en la zona. Buenos vinos ( de Ourem, Batalha, son los propios
del lugar, junto al llamado Vinho Leve, producido en Bombarral, vino
blanco que frío resulta excelente y es de solo 9º).
Quien
decida ir 50 kilómetros mas allá de Nazaré puede acercarse a Peniche,
con excursión desde aquí a las fantásticas islas Berlengas. Pero de
esto ya hablaremos en capítulo aparte otro día…
|
(*)
EUGENIO EIROA es periodista. REDACTOR –JEFE DE LA CADENA SER en VIGO. Escribe
sobre turismo para nuestra revista, como
especialista en temas portugueses.
|