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Nazaré. Sol, gastronomía y toros

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Entender hoy la Fiesta de los Toros en Nazaré sin compartir sus maravillosas excelencias gastronómicas, turísticas o festivas (el Carnaval, las fiestas de Septiembre…) es craso error que muy pocos protagonizan. Muy pocas poblaciones en Portugal y en España pueden ofrecer esa excepcional mezcla de extraordinario atractivo: sol, playa, gastronomía y toros. Y todo, de Primera. Esa es la verdad”. Nazaré es una profusión de sensaciones, paleta inigualable de colores que van desde el blanco impoluto de sus casas al azul incomparable de su mar Oceanía.” 

La primera vez que llegamos a Nazaré era sábado y avanzada la hora. Caía el Sol en el horizonte y aquella despedida del astro rumbo a América, nos pareció la más hermosa del mundo. Nos hartamos de contemplarla. El mar estaba como un plato y apenas cuatro olas hacían sonar el batir del agua contra el arenal de la formidable Praia do Norte.

El Sol, entre los pinares acababa por decir adiós, mientras arriba, en el otro Nazaré, el situado en el promontorio, el llamado Sítio da Nazaré, los altavoces de la plaza no paraban de lanzar a los cuatro aires -más que vientos- el pasodoble “Manuel dos Santos”.

Había “tourada a la portuguesa” en la Praza de Touros do Sítio aquel sábado, como todos los sábados del verano sucede en una de las más castizas plazas lusitanas. Y allá nos fuimos, directos, a obtener los “ingresos” en la “bilheteira” (taquilla).

Luego, allí, muy cerca, en un restaurante llamado entonces “Don Dinís” (hoy desaparecido), dimos cuenta de un “bacalhau á lagareiro”, salpicado de “berbigâo” (berberechos), que regado con un blanco bien tostado y bien frío de la Cooperativa de Ourem, fue como para terminar exclamando ¡Viva Portugal!. Y después : la tourada…

La noche era excepcional. En la barandilla alta del anfiteatro de la entrañable plaza de la Sociedad Recreativa Planalto seguimos el ir y venir de cavaleiros (rejoneadores) y forcados, mientras la Luna alumbraba los montes de Pederneira y el camino de Alcobaça…

La banda de Maiorga, feligresía próxima a Alcobaça, atacaba solo un par de pasodobles; el resto era marchas y algunas, americanas, de John Philip Sousa, con lo que la vuelta al ruedo del rejoneador portugués, Paulo Caetano, era aún mas triunfal… Al principio era chocante, ciertamente, pero al final, vueltos allí más veces, acababas por acostumbrarte. Hoy, hasta tiene banda propia la Sociedad Recreativa Planalto, propietaria de la plaza; banda de música de niños, niñas y jovencitos, con sonido semi-rumbero, pero con los pasodobles habidos y por haber, “á preceito”, como dirían los portugueses…

Cuando la corrida de toros termina –siempre nocturna los sábados de verano–, en Nazaré no hay desolación, sigue la Fiesta. Es momento para ir a los muchos bares que aún en la zona alta de “el Sitio” están abiertos a esas horas, esperando por los aficionados que salen de los toros. En algunos, como el llamado “Paulo Caetano”, aún se puede hacer honores a esas horas a una “bifana” (filete de cerdo frito en su jugo, puesto en pan, que sabe a gloria a la una de la madrugada) acompañado de un vaso de vino verde que sale a presión como si de una cerveza se tratase.

Y aunque es madrugada, con todo, el funicular o elevador que lleva de la zona alta de “O Sitio” al Nazaré moderno, situado a la orilla del mar, abajo del gran promontorio… aún espera por la Afición, para transportarla al Nazaré desarrollado, cosmopolita, de paseo y animación nocturna, de bares de copas hasta bien entrada la madrugada, si verano es.

El viejo pero bien conservado “eléctrico” (tranvía que asciende por la montaña de Nazaré), nos baja desde O Sítio hasta el propio Nazaré central, mientras en la noche la Luna se refleja en la mar océana que besa una y otra vez las arenas de una de las mejores playas de Portugal: la Central nazarena.

El gentío abarrota las terrazas y los bares apurando los últimos “copos”. Suena la música moderna en los tres o cuatro pubs de moda, mientras los caozinhos (perrillos) que en Nazaré aparentan abandonados, pero que todo el mundo alimenta, se acuestan en esquinas de la “marginal” (avenida junto al mar), próximos al enorme arenal “bandera azul” de la UE.

Nazaré noche…medio Ribatejo (la región interior próxima a Lisboa) allí veranea. El resto, españoles o gallegos como nosotros mismos, transeúntes mil de docenas de nacionalidades… recibidos por las mujeres de las siete saias (faldas sucesivas que visten una sobre otra) y que insisten con su particular acento : “¿Chambres, habitaciones, apartamentos…?. Son las llamadas “chambristas”, que buscan reunir unos euros en verano con que hacer mejor frente al invierno, alquilando parte de sus viviendas particulares.

Es buena gente la de Nazaré, desde el más humilde al más sobrado. Gente curtida en la solidaridad y el afecto, maltratrada tantas veces por la mar océana; gente tan especial, tan suya y, sin embargo, tan dada a los demás…

Es como si el espíritu de don Fuas de Roupinho viviera permanentemente en ellos, para devolver en mil lo que reciben en cien…Don Fuas, noble portugés de siglos pasados, que salvó su vida cuando perseguía a un venado, gracias a la aparición divina en el mismo acantilado del Sítio, impidiendo la caída de caballo y caballero desde altura impresionante y sobre la mar océana…Don Fuas devolvió con creces, el gran favor recibido…

Y así hoy tenemos, con nosotros compartida, la devoción a la tan querida Virgen, Nuestra Señora de Nazaré, en su templo de peculiar arquitectura que enmarcado en la excepcional plaza del Sítio, nos recuerda donde está enclavado, sabores entre coloniales americanos y …africanos a veces, si en lugar de ver el majestuoso templo, observamos aquellas otras edificaciones que parecen propias de algunas poblaciones caboverdianas… (la farmacia de dona Orlanda, la casa de su madre –q.e.p.d.-, etc.etc…).

Es Nazaré, el de arriba y el de abajo, población única. O se ama profundamente esta tierra y se acaba incluso disfrutando intensamente de su indudable tourbillón veraniego , o se pone rumbo rápidamente a otros lugares…

Pero los que no podemos dejar pasar un verano sin estar por allí unos cuantos días, sabemos que para sardinas, las de Casa Pires, que hay que ver cómo las asa dona Alicia y las sirve su nieta Dalida, con pimientos, batata cocida, ensalada y jarra de “vinho verde de pressâo”…

Sabemos de la “caldeirada de peixe á nazarena” que preparan en “O Buzio”, muy cerquita de la plaza de toros. Sabemos de las “farturas” (churros portugueses rellenos de chocolate, fresa y miel) que vende “A Pina” en su puesto fijo de la plaza de O Sítio.

Sabemos, en el Nazaré de abajo, muy cerquita de la estación del funicular, de esas almejas, mejillones, berberechos y frías cervezas que los bares de las explanadas más próximas al elevador ofrecen al aire libre, en el refrescar de las tardes de estío, bajo toldos y palmeras. Sabemos de cómo es el ir y venir en la marginal, en el paseo marítimo, donde te cruzas con tantos y tantos, y entre ellos nunca falta aquel anónimo ribatejano que pasa allí quince días con su mujer y el perrillo que no falta en la cita familiar de cada año.

Sabemos de la privacidad de la playa del Puerto, a donde entras con el coche, pagas el impuesto portuario y acabas en el arenal externo como si fuese en tu playa privada. O, si seguir quieres, puedes tomar camino hacia la salvaje playa del Salgado, festival del océano y de la tranquilidad, de no aguantar absolutamente a nadie, mientras en la lejanía observas el gran roquedal, espectacular promontorio del Sítio y, a sus pies, el Nazaré de abajo, moderno, cada vez más populoso.

“Nazaré es una inacabada sinfonía de olores y sabores capaz de enganchar al mas inapetente de los mortales”, bien podríamos proclamar.

Quedan ahora, en la invernía los recuerdos de aquellas buenas gentes nazarenas, de las mujeres de pies descalzos que recuerdan en ocasiones un pasado no tan distante; de las tardes-noches semanales de folklore nazareno, con el rancho Ta-Mar; de las casi improvisadas sesiones de fados; de las callejas estrechas interiores en donde proliferan los olores de “grelhados” mil (asados al carbón), componiendo una sinfonía espectacular que intercala el rastro de la sardina asada con el frango de churrasco (pollo), el entrecosto na brasa (costillas) con las lulas grelhadas (calamares)…

Pero Nazaré es –por encima de todo- una profusión de sensaciones, paleta inigualable de colores que van desde el blanco impoluto de sus casas al azul incomparable de su mar océana.

Nazaré es, igualmente, santo y seña de la Fiesta de los toros en Portugal. Lugar taurino conquistado a pulso; local de turistas y lugareños, que comparten, unos desde su ignorancia y curiosidad, otros desde su indudable conocimiento, asiento en una de las plazas más acogedoras y entrañables que hemos visto en nuestro dilatado peregrinar por esos escenarios de España y Lusitania.

Fueron los Toros los que nos llevaron por primera vez –hace muchos años- a Nazaré. Gracias a los Toros y a aquella noche inolvidable, Nazaré quedó entre nosotros para siempre y como algo muy propio.

Y ahora, cuando recuerdas, lo haces también pensando cómo parece increíble que en pleno siglo XVII, el mar aún llegaba a los montes próximos, situados tras la población, en la feligresía de Pederneira…

Parece increíble pensar que donde hoy está ese Nazaré central tan populoso y concurrido, entonces era solamente mar océana.

Parece así, igualmente, increíble que el mar haya retrocedido, permitiendo que allí fijasen su residencia, ya en el siglo XVIII, los primeros pescadores…

Es, sin duda, el espíritu del gran almirante de don Afonso Henriques, don Fuas de Roupinho, quien habita en el lugar y hace a los propios nazarenos ser tan propios, tan orgullosamente suyos, pero también tan dados a quienes les visitan.

Vete a saber si no son aquellos versos de Fernando Pessoa, los que aquí se hacen presentes :

“Linha severa de longínqua costa—
Quando a nau se aproxima ergue-se a encosta
Em árvores onde o Longe nada tinha;
Mais perto, abre-se a terra em sons e cores;
E, no desembarcar, há aves, flores,
Onde era só, de longe a abstracta linha.”
“O sonho é ver as formas invisíveis
Da distância imprecisa, e, con sensíveis
Movimentos da esp´rança e da vontade,
Buscar na linha fría do horizonte
A árvore, a praia, a flor, a ave, a fonte—
Os beijos merecidos da Verdade.

Por Eugenio Eiroa. Periodista. Redactor-Jefe de la Cadena Ser en Vigo. Escribe sobre turismo para nuestra revista, como especialista en temas portugueses.

 

 

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