Redacción

La Base Aeroespacial de Robledo de Chavela

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Nacida bajo los auspicios de la carrera espacial en pleno auge en los años sesenta, la Base Aeroespacial de Robledo de Chavela ha vivido, desde entonces, todos los hitos del hombre lejos de la gravedad terrestre. Nombres de naves, de planetas, de satélites y de estrellas son familiares en un lugar que ha recibido las imágenes del espacio exterior remitidas, digitalmente, por los Voyager, Galileo, Magallanes, Viking o Mars Pathfinder. Imágenes como las que siguen y que han acercado el universo al cielo de Madrid.

La Base Aeroespacial de Robledo de Chavela se creó en 1964 al amparo de un acuerdo de cooperación científica y técnica para la investigación pacífica del espacio firmado entre los gobiernos de España y Estados Unidos, renovable cada diez años. En la actualidad, junto a éste, sólo existen otros dos complejos de comunicaciones de este tipo en el mundo, ubicados en Goldstone (California) y Canberra (Australia). Separados, aproximadamente, 120 grados en longitud, los tres permiten que cualquier nave espacial esté permanentemente en el campo de visión terrestre a pesar de la rotación del planeta. El complejo ocupa 47 hectáreas y está atendido por 154 trabajadores, todos de nacionalidad española. Su presupuesto de de 1.700.000.000 pesetas pagados íntegramente por la NASA.

Base Aeroespacial de Robledo de Chavela

Base Aeroespacial de Robledo de Chavela

En la actualidad, la Base Aeroespacial de Robledo de Chavela cuenta con seis antenas, diferenciadas por la medida del diámetro del plato: una de 70 metros; tres de 34 metros; una de 26 metros y una de 11 metros. Aparte de las misiones puntuales de apoyo a lanzamientos, son entre 22 a 24 vehículos espaciales con los que se mantiene comunicación permanente.

Como ejemplo de las distancias que cubren valga decir que la antena de 26 metros alcanza hasta la luna, es decir, unos 365.000 kilómetros, mientas que las órbitas terrestres se sitúan entre los 200 y los 600 kilómetros de altura. La mayor distancia cubierta por las antenas de Robledo es la comunicación con la nave Voyager II, que se encuentra a 10.500 millones de kilómetros, aproximadamente. La señal electromagnética enviada desde la Tierra a la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo) hasta dicha nave tarda 19 horas en ir y volver, mientras que el retorno con la luna apenas tarda un par de segundos.

La antena más vieja de la Base Aeroespacial de Robledo de Chavela es una de 24 metros, actualmente ampliada a 36 metros, que los trabajadores llaman cariñosamente La Dino y que es la que, instalada en Fresnedillas, se utilizó para el seguimiento del Apolo XI, en 1969, en su viaje a la Luna. Se trasladó hasta Robledo pieza a pieza y, una vez ampliada, fue necesario levantarla íntegramente con dos grúas para colocar bajo sus patas sendos bloques de hormigón para impedir que el plato tocara, en su giro, con el suelo.

La más grande, mide 70 metros de diámetro (el ruedo de Las Ventas mide 10 metros menos), es tan alta como un edificio de 23 pisos y sus cimientos se hunden 12 pisos. Pesa 9.500.000 kilos. Sólo la parte móvil, capaz de girar 360 grados en azimut y 180 grados de arriba a abajo, pesa 3.500.000 kilos. Para moverla, dado que ningún material sería capaz de soportar la fricción, se inyecta una película de aceite de 3 milésimas de pulgada sobre la cual la antena, literalmente, flota. Para pararla con precisión, se utilizan varios frenos con una fuerza de 3.000.000 libras.

La precisión de esta antena, construida en 1974 con sólo 64 metros y ampliada en 1987 hasta los 70 metros actuales, es de 5 milésimas de grado. Posee un amplificador de tipo MASER, que trabaja a 269 grados centígrados bajo cero, es decir, sólo 4 grados por encima del cero absoluto, capaz de percibir señales muy débiles y ampliarlas hasta 25 millones de veces. El equipo transmisor es de 400 kilowatios de tipo Klystron. Su eficiencia es del 70 por ciento.

La antena de 26 metros es de alta velocidad. Diseñada especialmente para el seguimiento de vehículos en órbita terrestre es capaz de girar tres grados por segundo.

Exploración a Marte
Robledo de Chavela ha formado parte del programa de exploración planetaria. El primer encuentro con un planeta exterior fue en junio de 1965, mientras que la inauguración de la antena más vieja fue en julio. Desde entonces, se han observado todos los encuentros habidos hasta el momento. Marte siempre ha sido uno de los principales candidatos, pues pudo haber tenido vida. El gran enigma del planeta rojo es saber dónde están las grandes cantidades de agua que debía tener. Una de las teorías sostiene que el líquido está embebido en la superficie y congelado, lo que se llama permafrost. Próximas sondas penetrarán bajo la superficie y analizarán el contenido de agua.

La actualidad de Marte está marcada por el 4 de julio de 1997, cuando se posó el Mars Pathfinder, dentro de un nuevo programa de reexploración iniciado hace poco, recuperando los trabajos hechos en 1975 por el Viking. Robledo de Chavela mantenía contacto con la nave durante el aterrizaje. Momento “muy emocionante”, según Urech, pues se asumían muchos riesgos. “En la última fase, se inflaban unos airbags y se dejaba a la sonda rebotar, sin prácticamente comunicación. Sólo mandaba unas señalitas, que se llamaron semáforos, y que indicaban qué etapa había cumplido”.

No es el único recuerdo, pues el Pathfinder “estuvo funcionando hasta que un día que estaba conectado con nosotros dejó de mandar. Estaba previsto que durara unos días y duró meses, así que en algún momento tenía que fallar. Se dedicaron varios días a intentar comunicarse con él, pero no volvió a dar señales de vida”.

Pero esta nave no será la única. Ahora, hay un programa de exploración de Marte más sistemático. Existe uno en órbita baja de exploración con cámaras de gran detalle y, en 1999, se mandará una nave capaz de explorar bajo la superficie. Además, según la diferencia de órbita entre aquél y la Tierra, está previsto lanzar, como mínimo, dos sondas cada veintiséis meses para recoger piedras y muestras.

De Fresnedillas a la Luna
La antena existente en el municipio de Fresnedillas, hoy trasladada a Robledo de Chavela, estuvo vinculada a todo el proyecto Apolo y a los vuelos tripulados. Inaugurada en 1967, en el viaje del hombre a la Luna de 1969, era la instalación prime o principal, mientras que Robledo tenía una misión de apoyo en caso de que fallara aquella. La de Fresnedillas es una antena que se mueve más rápida que el resto y llega a distancias más cortas,

Los vuelos tripulados siempre tienen el morbo de los imprevistos y, desde desde la dirección de Robledo, se recuerda que “con el Apolo XI esto estaba lleno y con el XII había alguien, Con el XIII no había nadie hasta que se oyó lo de la explosión y se llenó todo de periodistas que no se podía ni andar”. Sin duda, “a los que estaban allí no se les olvidará el proyecto Apolo y posarse en la Luna”.

¿Comunicación extraterrestre?
Hablar de comunicaciones espaciales implica mencionar la posibilidad de interaccionar con otras civilizaciones extraterrestres. Aunque la idea de encontrar alguna señal de vida inteligente es algo que agrada a los responsables de la base de Robledo de Chavela, también es cierto que conocen la imposibilidad de este tipo de comunicación. La NASA diseñó, hace años, un programa conocido como S.E.T.I (Search for Extraterrestial Intelligent) cuyo objetivo era disponer las antenas, durante ciertas horas, a la escucha del ruido galáctico, analizando éste para ver si se veía algún mensaje inteligente. El S.E.T.I. no se llegó a realizar debido al elevado coste y a las escasas probabilidades de éxito. El programa se desechó y sólo se hizo algo en la antena existente en Arecibo (Puerto Rico), aunque sin conseguir nada aún.

Según José Manuel Urech, entonces director de la estación, “lo normal es que recibas alguna señal que no sea puro ruido, pero es algo puramente estadístico y lo normal es que sea interferencia de algún avión. Las antenas están siempre funcionando, pero nosotros no hemos recibido nunca nada de eso. Desgraciadamente, pues sería una bomba”.

Urech explicaba que es difícil lograr alguna comunicación de este tipo por consideraciones técnicas, pues las antenas funcionan en una determinada frecuencia que apuntan a un vehículo concreto y a un punto del espacio. “La probabilidad de que un mensaje de una civilización de una galaxia lejana coincida en el tiempo y en la frecuencia es muy baja”.

Pero eso no significa que no exista vida extraterrestre, pues “ya se van descubriendo planetas en otros sistemas solares, por lo que el desarrollo de la vida en la tierra y en el sistema solar deja de ser una cosa singular. Hay muchos sistemas solares y, si el desarrollo ha sido equivalente al de la tierra, podría haber alguna otra civilización”.

Por ello, hay programas de la NASA que proyectan investigar otros planetas en otros sistemas solares. Sin embargo, se habla del año 2007 para identificar planetas y, en todo caso, del 2010 para conseguir fotografiar planetas del tamaño de la Tierra, pues planetas gigantes, como del tamaño de Júpiter, tres veces el tamaño de la Tierra, se detectan antes.

Como llegar a Fresnedillas – Robledo de Chavela desde Madrid:
Circulando por la A-6 dirección a Villalba, se tomará la salida que indica Las Rozas- El Escorial, llegando hasta El Escorial donde se tomará la M-512 pasando el Puerto de la Cruz Verde hasta llegar a la Base Aeroespacial de Robledo de Chavela .

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