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Hogueras de San Juan en Alicante

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Iluminada por el purificador fuego, la noche del 24 de junio se transforma, en Alicante, en una fiesta de evidente colorido. Entonces, el trabajo de muchos meses, es devorado por las llamas y cumple con la función para la que ha sido creado.

El origen de las Hogueras de San Juan es incierto, pues ancestral es la costumbre de encender grandes hogueras en la víspera del día consagrado al santo, donde consumir muebles viejos o envases inservibles de madera y cartón. No obstante, sí es posible datar el momento en el cual la tradición se convierte en fiesta y el pueblo de Alicante vierte los más diversos esfuerzos en preparar la más luminosa de sus noches.

La fundación del festejo en sí fue relativamente rápida. La idea partió del andaluz José María Py y Ramírez de Cartagena, quién, antes de afincarse en Alicante, pasó varios años en Valencia, participando en el espectáculo de las Fallas. De la provincia vecina, el susodicho importó la idea, mas con la particularidad de dotarla de otro nombre y distinta fecha, de tal modo que la fiesta alicantina poseyera definición propia. La sugerencia fue muy bien recibida y, en el mes de marzo de 1928, el periódico “La Voz de Levante” publicó un artículo de su puño y letra titulado “Les falles de San Chusep, en Valencia, y les fogueres de San Chuan, en Alacant”.

fuego

Ante la nueva proposición, no tardaron en formarse comisiones en varios distritos para iniciar la provisión de fondos. También, se organizaron funciones para aumentar los ingresos y en el Teatro Nuevo tuvo lugar una representación a beneficio de la hoguera de la Plaza del Ayuntamiento en la que se proyectó una película sobre las fallas valencianas y actuó la artista alicantina Juanita Saeta de forma desinteresada. Tal fue el interés creado por la posibilidad de los nuevos festejos que todos los periódicos alicantinos de la época (“El Luchador”, “Diario de Alicante”, “El Día”, “El Correo”, “El Tiempo” y “La Voz de Alicante”) reflejaron en sus páginas todas las incidencias que se producían.

Finalmente, el 29 de mayo, el alcalde de Alicante, Julio Suárez-Llanos y Sánchez, concedió autorización para la celebración de los festejos, para cuya primera edición se presentaron nueve distritos oficiales a concurso. Dispuestos desde el primer premio al último lugar, éstos fueron los lemas de las hogueras y el lugar de su ubicación: “Parada y fonda”, del barrio de Benalúa (primer premio dotado con mil pesetas en plata); “Les presidensies de Torrejón”, en la Plaza de Isabel II (segundo premio de seiscientas pesetas); “El Tío Cuc y el Cuquet en el globo”, en la Plaza de Chapí (tercer premio de cuatrocientas de las antiguas pesetas); “Port peixquero”, en la Avenida Méndez Núñez; “La millor terra del mon”, en Alfonso el Sabio; “De Jauja a Jijona”, en la Plaza del Ayuntamiento; “Unión Regiona”l, en la calle Benito Pérez Galdós; “Escena picaresca”, en la Plaza Reina Victoria; y “Nunca es tarde”, en la Plaza del Mercado.

La decisión más difícil correspondió al jurado encargado de conceder los galardones, compuesto por Javier Gaztambide, como presidente, y Aureliano Abenza, por parte del ayuntamiento; Miguel Llopis, por la asociación “Alicante Atracción”, impulsora de las fiestas; Eduardo Irles, por el Ateneo; dos representantes de la Asociación de la Prensa y uno del Círculo de Bellas Artes, como vocales. Este jurado valoró la labor de Juan Such, Gastón Castelló y José Marced, quienes, con las mil pesetas de premio, aportaron dinero para hacer frente a la inversión de la comisión, invitaron a cenar a los componentes de la misma y donaron el dinero sobrante – unas quinientas pesetas – al Asilo de Ancianos, según versión personal del propio Gastón Castelló.

De la plantá a la cremá
Tan buen inicio se confirmó el siguiente año, con la preparación de diecinueve hogueras que decoraron distintos puntos de la ciudad. Las comisiones dispusieron de más tiempo para organizar colectas y rifas y el ayuntamiento aumentó la cuantía de los premios, cuestión solicitada por los foguerers, además de mantener una subvención de 250 pesetas a las hogueras que no obtuvieran galardón alguno.

Les Fogueres de Sant Joan han mantenido desde su inicio la estructura actual y han sido declaradas de Interés Turístico Internacional. Las fogueres son monumentos de cartón-piedra, compuestos por figuras humanas denominadas ninots, y escenas con las que se satiriza la realidad. Las diferentes composiciones han de ser instaladas (la plantá) durante la noche del 21 de junio, mientras se inician en las barracas (especie de sedes sociales de las distintas comisiones, donde se come, se bebe y se baila) unas jornadas de intensa participación popular.

La noche del día 24, día de Sant Joan, se celebra el rito mágico de la cremá de todas las hogueras, a partir del disparo de una monumental palmera pirotécnica en la cumbre del monte Bencantil. No obstante, las llamas no podrán devorar al ninot indultat, la composición escultórica que, según los alicantinos, posee la mayor gracia y calidad artística. Liberada del fuego, la figura indultada se lleva al museo de Les Fogueres, sito en el castillo de Santa Bárbara, para su conservación y contemplación.

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