|
Con nombre propio
Añoranza de la
trucha |
Enlaces relacionados
|
|
Desde
el tercer domingo de marzo, tornan los devotos de la caña y el sedal a lanzar su ansiosa ilusión desde las riberas de los ríos que aún nos quedan, limpios y cantarines; incluso hacen más, en muchos casos, de apasionado mérito: introducirse literalmente hasta la cintura en la propia corriente, por ver de aproximar lo más posible el cebo a la tentación del pez.
Por Manolo Méndez @ (*) |
|
Dando por descontada la emocionante pulsión deportiva del lance de la
captura, que este cronista, de pertinaz indolencia ante todo cuanto al
“sport” se refiere, puede llegar a comprender, aunque sin tentación de
emulación alguna, lo que sí me admira y envidia sobremanera es la
calidad excepcional del premio a lograr. Sí, porque desde hace no sé
cuántos años ya, la posibilidad de encararnos, los del común, digo, con
un plato bien surtido de perfumadas truchas salvajes es casi empeño
imposible, dado que las truchas pescadas en los ríos –la restricción
empezó por Francia, pero ya es, desde hace años, de alcance global
europeo-- no se pueden vender ni comercializar de ninguna manera. Lo
cual quiere decir, véase tamaña injusticia, que, o tiene uno un amigo
pescador, que se apiade y le provea a uno de tapadillo, o de aquel sabor
añorado de la trucha natural sólo nos queda apencar con lo que la
memoria conserve de los años de infancia y juventud. Y más y peor,
porque aún de aquel, del sabor de la infancia, ni siquiera al propio
pescador le cabe, ya que la trucha común de hoy, de dominio absoluto y
exclusivo en todos los ríos españoles, es la prepotente “arco iris”, que
un día llegara importada de Norteamérica, y que aquí se quedó, poderosa
y avasalladora, arrasando por desplazamiento de dominio a todas nuestras
ancestrales especies autóctonas. En lo que hace a mi caso, las que mi
memoria guarda con más arrobo de añoranza son aquellas en extremo
delicadas y terciaditas “pintonas”, de a real la pieza, que un viejo
pescador de entonces, que tenía en la caña su oficio principal, vendía a
mi madre para que ésta proveyera así, con ellas, humeantes luego de
hervidas en un caldo corto, la nutritiva dieta de un niño
sempiternamente engripado.
Y con esto dicho, apunto ya un axioma que, siendo de universal rango en
cualquier tipo de cocina, más lo es y con más fundamento en el caso de
la trucha: cual el de que el mejor modo de guisarlas es siempre el más
sencillo. Simplemente hervidas, como queda dicho, están excelentes,
siempre en un caldo lo más corto posible. En esta base de formulación se
inscribe, por cierto, la receta que durante años, por no decir siglos,
fue tenida por la de más ringorrango en la alta cocina: la famosa
“trucha azul” (truite au blue, en su original francés), que
llegaba a la mesa precisamente reteñida de ese color, por efecto de la
adición de una buena dosis de vinagre a ese caldo corto de la cocción, y
que se servía con un ligero napado de mantequilla fundida. También son
de larga tradición, aunque ésta de mucha más raigambre popular, las
truchas escabechadas, fórmula ésta, como bien se sabe, que nació en
principio como recurso eficaz de conservación del producto, pero que
bien elaborado, el escabeche, resulta muy gratificante sápidamente.
En todo caso, éxitos
decimonónicos aparte, o recursos de practicidad popular de eficaz
resultado, habrá que reconocer que la mejor formulación culinaria de la
trucha es freírla, y no precisamente sólo y directamente en un buen
aceite de oliva, que aun cuando es grasa buena, buenísima e ideal para
casi todo, no lo es en este caso tanto, véase qué curioso, para la
trucha. Cuando menos no en su concurso al ciento por ciento de
proporción. Los gallegos lo combinamos con unto; otros, castellanos y
navarros, por ejemplo, sofríen previamente un buen tajo de tocino. Y, en
fin, franceses y demás transpirenaicos, como ya quedó dicho, recurren en
exclusiva a la mantequilla. Pero siempre, eso sí y en todo caso, con la
sartén como esencial instrumento de cocción. En esto, como en tantas
cosas, uno no puede por menos que estar plenamente de acuerdo, al
respecto, con el aforismo que sentara mi ilustre paisana doña Emilia
Pardo Bazán, quien sentenciaba preferirlas “con las tres efes”, a saber:
frescas, fritas y frías. A lo que mi también paisano, el no menos
ilustre Picadillo, añadía, con su proverbial sorna, una cuarta “efe”:
...y fiadas, decía. Pues, también suscribo. Buen provecho.
|
|
Otros Canales
|
Secciones
Turismo Hoy.
Periódico digital del Turismo. Actualidad, Noticias del
sector turísitco.
Información de gastronomía.
Guía gastronómica de España y Portugal. Restaurantes, productos con denominación de origen, platos típicos y recetas.
Vinos, bodegas y cavas...
Aventura y Turismo Activo
Actividades en la naturaleza, Información
de
Aventura y Turismo Activo, Montaña,
Escalada, Senderismo, deporte en la naturaleza y rutas ...
Viajes
por el mundo.
"Viajes por el mundo" es el canal de información turística del
exterior, una sección útil para el viajero inquieto que también busca información de turismo y viajes para planificar sus salidas al extranjero. |
|
(*) Artículo publicado en
el Correo Gallego
Manolo Méndez es periodista y escritor. Actualmente además
de colaborador de este rotativo, publica sus reflexiones sobre el mundo de
la gastronomía en La Voz de Ortigueira y el Heraldo. Es también autor de
la novela "Destellos de Hollín".
Destellos de Hollín
La obra podría ser catalogada, sintetizando mucho, como una novela de
enredo picaresco, bien trufada de humor y de costumbrismo, no exenta de
intriga, y hasta con una moraleja final, que es la sorpresa de su
desenlace. La trama en cuestión se hilvana en torno a la peripecia de
tres pícaros carcelarios, y un cuarto, no menos pícaro, el guardia civil
obsesionado con descubrir, para su propio provecho, lo que dos de ellos
traman cuando salen del penal, que no es otra cosa que localizar el
paradero de un famoso botín de joyas que nunca aparecieron. Las
respectivas "historias" de estos cuatro protagonistas nos irán
desvelando su especial personalidad, motivaciones y carácter.
En el hilo conductor de la trama se descubren las peculiaridades
insólitas del pueblo donde al fin recalan todos, con el afán de
localizar en él, en su laberinto imposible, la presunta ubicación del
tesoro, que ha estado durante años guardado, escondido para ellos, en el
interior de la chimenea de una casa. Pero lo grave es que, en ese pueblo
tan singular, todas las casas son iguales, y todas tienen chimenea, lo
cual explica la razón del título elegido para el relato, "Destellos de
Hollín".
Manolo Méndez @ >>> |
|