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Con nombre propio
Resaca |
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Por Manolo Méndez @ (*) - Fotografías: Luis Medina
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No serán pocos los que, entre
nuestros lectores de estos días, anden con el cuerpo aún hecho unos
zorros, y en la memoria reciente guarden el espanto de una amanecida con
la cabeza hecha un mar de grillos, percibiendo, con abrumada sensación,
cada bombeo de su propio latir en la presión de las sienes. La
cucharilla del café se nos antoja insufrible, así sea sólo en su leve
rozar con la taza; y hasta ese eco, nunca antes percibido, del autobús
que frenó en la calle, llega ahora a nosotros con agigantada crispación,
así busquemos refugio en la habitación interior del quinto izquierda.
Ay, señor mío, lo que ustedes y yo padecemos, mucho me temo, no es otra
cosa que una monumental resaca.
El mal es viejo. Tan antiguo como el mundo: desde Noé viene, cuando
menos. Y para atajarlo –que es de lo que hoy queremos tratar-, poco
consejo cabe, porque la realidad cierta es que, desde aquel abochornado
pasaje bíblico, tantos siglos y hasta milenios por medio, no se ha
inventado mejor alivio contra el mal que el natural de la paciencia y,
eso sí, mucho, muchísimo silencio; y sobre todo dormir, sumidos en
perfecta oscuridad, y todo cuanto se pueda.
Evidentemente, también sirve, y es buena sugerencia aneja, que no
hagamos el menor esfuerzo por recordar todas las idioteces hechas y
dichas en la noche de autos, probablemente la del pasado reciente Fin de
Año. Y que formulemos, al tiempo, profesión de fe de que esa "gran
pasada" marca en nosotros, por voluntad expresa, un antes y un después.
Y que a partir de ahora, y para el futuro –año nuevo, vida nueva- nos
vamos a controlar mejor, y no volveremos a hacerlo.
Pero, por si ese ejercicio tan encomiable de voluntad nos fallara –que
es muy posible, porque, bien sabido es que la carne y la humana
condición son de natural tan débiles-hemos buscado en la amplia
documentación al respecto, algunos remedios, y recursos caseros, que han
gozado –o gozan- de cierta etiqueta de presunta eficacia como recurso
paliativo contra la inapelable resaca.
La ingesta excesiva de alcohol produce, entre el amplísimo catálogo de
desarreglos del cuadro general, tres efectos de principal sufrimiento:
dolor de cabeza, achacable principalmente a los productos de degradación
asociados a la bebida que nos hemos metido (cuanto peor ésta, de peor
calidad, más dolor de cabeza al día siguiente); molestias gástricas, por
la erosión de la mucosa del estómago provocada por el etanol; y sed
insaciable –esa lengua que se vuelve lija- consecuencia directa de la
pérdida de vitamina B1 que el alcohol provoca.
Y es que al beber, véase qué curioso y qué sorprendente contraste,
realmente nos hemos deshidratado. De ahí la sed, y de ahí la importancia
de recuperar líquidos sanos cuanto antes. El agua mineral con gas es
perfecta; y hoy en día, aún mejor, las bebidas ésas, isotónicas, que se
han puesto tan de moda para los deportistas.
Los zumos de frutas también son magníficos, por su aporte de fructosa y
de vitamina C; el de tomate, el de naranja y el de pomelo son los más
recomendables. Y pensando en la reposición de ese azúcar natural, la
fructosa, un par de cucharadas de una buena miel pueden también
aportarnos un gran alivio.
Sin embargo, aunque parezca extraño –porque es muy habitual acudir a él-
el café no es muy buen remedio para aliviar la resaca, ya que el café es
un fuerte diurético y puede incrementar la deshidratación que, ya hemos
dicho, es principal causante del malestar de la resaca.
Y luego están esos otros "remedios", que no les recomiendo, y que tienen
como fundamento aquello de que "un clavo saca a otro clavo". Es decir,
que contra el efecto de la borrachera, aconsejan seguir bebiendo
alcohol, aunque sea ahora en dosis pequeñas, o mínimas. Así, dicen
algunos, un "bloody Mary" flojito de vodka… O el caldo de unas
alcachofas hervidas, con un punto de zumo de limón, pimienta negra y una
copita de jerez.
En fin, que de ésas, de las de insistir en la ingesta, hay muchas, si
bien ninguna, ni una sola, créanme, de eficacia probada. La resaca, no
queda más remedio, hay que pasarla, y el mejor y único modo para ese
tránsito duro y difícil es la cama, largas horas de cama, en perfecta
oscuridad y absoluto silencio. No hay otra. Suerte, y a ser buenos en la
cita del año próximo. |
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(*) Artículo publicado en
el Correo Gallego
Manolo Méndez es periodista y escritor. Actualmente además
de colaborador de este rotativo, publica sus reflexiones sobre el mundo de
la gastronomía en La Voz de Ortigueira y el Heraldo. Es también autor de
la novela "Destellos de Hollín".
Destellos de Hollín
La obra podría ser catalogada, sintetizando mucho, como una novela de
enredo picaresco, bien trufada de humor y de costumbrismo, no exenta de
intriga, y hasta con una moraleja final, que es la sorpresa de su
desenlace. La trama en cuestión se hilvana en torno a la peripecia de
tres pícaros carcelarios, y un cuarto, no menos pícaro, el guardia civil
obsesionado con descubrir, para su propio provecho, lo que dos de ellos
traman cuando salen del penal, que no es otra cosa que localizar el
paradero de un famoso botín de joyas que nunca aparecieron. Las
respectivas "historias" de estos cuatro protagonistas nos irán
desvelando su especial personalidad, motivaciones y carácter.
En el hilo conductor de la trama se descubren las peculiaridades
insólitas del pueblo donde al fin recalan todos, con el afán de
localizar en él, en su laberinto imposible, la presunta ubicación del
tesoro, que ha estado durante años guardado, escondido para ellos, en el
interior de la chimenea de una casa. Pero lo grave es que, en ese pueblo
tan singular, todas las casas son iguales, y todas tienen chimenea, lo
cual explica la razón del título elegido para el relato, "Destellos de
Hollín".
Manolo Méndez @ >>> |
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La Queimada.
La más tradicional de las bebidas gallegas. Aquí está su receta, la del mágico licor gallego. Utilizar preferentemente un buen aguardiente blanco, si es posible de Ulla, Portomarín, Valdeorras o Betanzos. La mondadura de limón, a ser posible gallego, ni muy maduro, ni muy verde. Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas...>>>
Vinos
de Galicia.
El vino llegó a Galicia con los romanos, mas fueron monasterios como Armenteria, Oia, Melón, San Clodio, Oseira, Celanova o San Esteban los responsables de su expansión. En ellos, los abades de origen francés enseñaban técnicas, adecuaban variedades e imponían el cultivo de la vid, hasta el punto de que el derecho foral recoge
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Vinos espumosos de la Denominación de
Origen de la Mancha. Las burbujas de Don Quijote,
Bodegas Torreduero
Marqués de Peñamonte
Reserva 2003.
Cuando se cumplen cuatro años desde que Bodegas Torreduero presentará al mercado su primer reserva de la cosecha 2001, con este nuevo Marqués de Peñamonte
Reserva 2003.
El Mazapán. Los orígenes del mazapán se remontan a Grecia, donde ya se ensalzaban los valores culinarios de la pasta de almendra y miel. Pero es en la era cristiana cuando se incorpora la tarta de almendras a la celebración de la Pascua bajo el nombre de "panis martius" (pan de marzo o marzapane, en lengua italiana".
Loor
de La Berza.
Ciertamente sí, me parece muy merecedora
de elogio y reconocimiento la humilde berza, así sólo sea porque
cuatro mil años de historia de la supervivencia humana tienen en
la berza un referente ineludible. |
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