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Hasta mediados de este siglo, el plato más popular de España era,
sin lugar a dudas, el cocido. Con la llegada del fenómeno turístico
fue sustituido por la paella, quizás, la receta más internacional
de la cocina española. Y despacio, muy despacio, casi sin proponérselo,
la tortilla española ha ido calando entre autóctonos y foráneos
y, hoy, se consume desde Lugo a Málaga, desde Badajoz a
Gerona y desde Nueva York a Pekín.
Dicen los más eruditos que la tortilla española
o tortilla de patatas fue creada en una de las muchas casas de las
serranías navarras, cuando, una noche, acertó a pasar por ella el
general Zumalacárregui. Al pedir a la dueña que le pusiera algo
de comer, la navarra fue a la cocina para descubrir que sólo tenía unas
patatas, cebollas y huevos.
Así, con el objeto de no dejar descontento al militar,
después de freir las patatas finas y aros de cebollas, cuajó el conjunto
en huevos batidos y se dispuso a freirlo en una sartén. De esta manera, y
después de darle la correspondiente vuelta, nació para el mundo la tortilla
de patatas o tortilla española. Justo sería que Navarra,
tierra de buen comer, reconociera el mérito de esta dama anónima que,
por casualidad, creó un plato tan exquisito, tan peculiar y tan enraizado
en la cocina española.
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