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De viaje por...
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La antigua cocina de
Las
Concepcionistas
de
Trujillo
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Trujillo
tuvo y tiene fama de ser ciudad de ferias, centro comercial de una amplia comarca y parada
obligada
para quienes quieren disfrutar del arte y la
historia que sus naturales, tan generosamente, han legado. Donde se suele reunir la gente
para comerciar en ferias y mercado y, más aún, en las ciudades que forman parte de
periplos turísticos, como es Trujillo, hay siempre buenos lugares donde comer. En este
caso, la ciudad cuenta con un lujoso comedor dentro del antiguo Monasterio de las
Concepcionistas, hoy convertido en Parador de Turismo. La cocina del Parador de Trujillo
tiene a gala, ante todo, ser fiel con la cocina autóctona del lugar y sus tierras. No
sólo por chauvinismo, sino porque esta ciudad que, en la antigüedad, fue importante
centro romano, bastión musulmán, parte importante de la merindad de la Extremadura
castellana, una de las seis demarcaciones antiguas de Castilla y centro desde donde tanto
influyó la organización de La Mesta, ha tenido y tiene una rica y variada cocina. Buen
exponente de ella son las calderetas, los excelentes quesos, los platos
elaborados con criadillas de tierra y caldillo, los magníficos platos de
caza y la insuperable manera de hacer el bacalao, entre los que destaca con
letras de oro su almedrote. Eso sin olvidar que, por ser una zona de gran
producción de ganado, sobre todo de cerdo criado con bellota, conviene degustar su
exquisito jamón, una delicia propia de los más refinados paladares.
Los exquisitos dulces de la zona y algunos que ya se pueden considerar
como suyos (maegados, tecula mecula y cañas), se elaboran junto a
otros muchos más en la cocina monacal del Parador. Algo inevitable en un lugar que,
antaño, ocuparon las religiosas Concepcionistas, grandes maestras en el arte de la
dulcería. La Orden que tanto ha aportado a los dulces y a la repostería de toda España
fue fundada por la santa Beatriz de Silva y Meneses, mujer perseguida y maltratada por los
celos de la reina Isabel, esposa de Juan II de Castilla, a causa de su gran belleza y
exquisito trato, lo que movió a la santa a recluirse en Santo Domingo Real de Toledo. Por
ello, este restaurante está obligado, y así lo hace, a tener en la carta exquisitos
postres.
Y no se debe pasar por alto la bodega, defensora a capa y espada de los
caldos extremeños. Y bien hace, pues, de algún tiempo a esta parte, las tierras de
Barros y Cañamero están sorprendiendo con sus bondades.
Parador de Turismo de Trujillo. C/ Santa Beatriz de Silva, 1. Trujillo.
Cáceres. Tel.- 927 32 13 50.
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