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De viaje por...
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Mesas y Destinos
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Tierra de buen yantar,
La Liébana ofrece al visitante no sólo el reconfortante cocido
lebaniego, sino una gran variedad de productos propios que hacen
las delicias de los mejores paladares. |
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Potes,
capital de La Liébana es buen punto de partida para sumergirse
en la cocina lebaniega. Pero en cualquier de estos encantandores
y coquetos pueblos, muchos de ellos convertidos por y para el
turismo, aunque todavía guardan su propia impronta, es posible
degustar el afamado y reconfortante cocido lebaniego. |
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Los pequeños y tiernos garbanzos de la
zona, el chorizo, la berza, la cecina y el relleno (una especie
de tortilla de migas) componen este contundente plato. Pero
tampoco hay que denostar por estos lares sus excelentes carnes,
procedentes de un ganado criado con los jugosos pastos que da
esta tierra. |
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Y por supuesto no hay que dejar de lado
sus quesos. Aquí reinan al respecto dos denominaciones de
origen el Queso
Picón Bejes Tresviso y los Quesucos de Líebana. Estos
últimos se presentan en pequeño formato de perfil cilíndrico.
Son una mezcla de leche de vaca, oveja y cabra. |
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Esta tierra también ofrece humildes
caldos que proceden de los pueblos más bajos. Y de igual
manera, cuenta con otra denominación de calidad en su afamado
Orujo de Liébana. Y eso sí, para los postres, el Tostadillo,
también ideal para aperitivos. Es un vino dulce y licoroso. No
hay que olvidar los postres y elaborados con miel ni tampoco las
natillas o el arroz con leche.
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