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Lisboa y en tranvía
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Fotografías: Luis Medina

Resulta difícil saborear Lisboa si no se pasea en sus tranvías.


Suben y bajan tratando de coronar la parte más alta de la Ciudad de las Siete Colinas. Desde los más tradicionales, llamados amarelos o amarillos, hasta los más modernos se retuercen por las estrechas calles de La Alfama y abren el paso por las cuadriculadas calles pombalianas. Lisboa es incomprensible sin desgajar la vida interior y exterior de sus tranvías.


EL ELEVADOR DE LA BICA
El de la Bica es uno de los funiculares más característicos. Los candidatos a pasajeros aguardan de pie la llegada del ascensor (...). Los sábados por la mañana suben muchos lisboetas con listas de compra que huelen a pescado y a coles, con bolsas de plástico ruidosas. Vienen de La Ribera cargados de comida para el fin de semana, ansiosos por volver a casa (...). "Esto está lleno los sábados por la mañana. Ahora van todos al supermercado". Un viejo se da la vuelta. "Oye, las cosas son más baratas. Yo acostumbro a ir al de Graça, donde estaba el cine, ¿sabe?. Es más barato". "No estoy de acuerdo. El pescado deja mucho que desear", replica una señora que remata la conversación con quejidos sobre el frío de enero. Los viejos toman el gusto por subir y bajar. Son los fervorosos defensores del funicular de la Bica.


Amistades y desencuentros en una fila de espera
En torno a las filas de espera se crean tanto amistades como ciertos encontronazos, por el orden de espera. En las filas de espera, los pasajeros de los tranvías acumulan los males de la vida, exaltan los tormentos de los lisboetas (...). Al principio las filas se forman en silencio (...). El proceso de comunicación se asemeja al de una especie de enamoramiento. Los primeros minutos, el pasajero presenta timidez. Primer síntoma de desespero: se arriesga a conversar en monosílabos. Pasados veinticinco minutos, se comunica con el personal que está delante y detrás. Siente la necesidad de comunicarse para disminuir la incomodidad provocada por la idea de faltar a un compromiso. Pasan treinta minutos. Ninguno sabe a qué hora llegará el tranvía. Todos están atrasados, todos comprenden las razones de los otros (...). ¡Ya viene!, el tranvía surge del fondo de la calle.. La batalla de entrada acaba con amistades prometedoras.

Eléctricos de Lisboa. Aventuras sobre Carris. Cristina Ferreira y Neni Glock.
Editorial Gradiva. Lisboa, 1994.


 

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