Monasterio de Yuste. Retiro del emperador Carlos V
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La Iglesia
Por I. A. Pérez García*
Fotografías: Luis Medina
 

Al exterior aparece encajonada entre las construcciones conventuales y el Palacio de Carlos V, de manera que sólo puede apreciarse el elevado imafronte de la fachada de los pies, en donde se encuentra la portada de ingreso: es abierta en arco de medio punto con arquivoltas y con una pilastra cajeada a cada lado. Remata en tres hornacinas aveneradas, separadas por balautres, y en un pequeño frontón triangular en la parte superior, coronado todo ello por jarrones. Esta portada debe datar del tiempo de las reformas que se hicieron en el monasterio a mediados del siglo XVI. En medio del hastial, un gran óculo da luz al coro. El interior es de una nave dividida en cuatro tramos por complejas bóvedas de crucería estrellada. El arco triunfal, apuntado, se adorna con magníficos festoneados góticos. Tantos las basas de los pilares como los capiteles llevan sencillas molduras propias del estilo mencionado, así como las ménsulas que alternan con los pilares adosados y sirven, también, de soporte a las crucerías. El coro se dispone a los pies y salva la anchura de la nave por medio de un elegante arco carpanel, dividiéndose su cubierta, también de crucería gótica, en dos tramos, ya que así lo requiere su extraordinaria amplitud. En alto y a los lados hay sendos balconcillos en esviaje que se disponen sobre trompas. Dan luz a dicha nave, además del óculo situado a los pies y ya citado, cuatro vanos cuadrangulares, más uno, muy elegante y situado a la cabecera, que se abre en arco de medio punto con arquivoltas. Esta iglesia monacal está sólidamente construida a base de mampostería, sillería y sillarejo, comunicando con las habitaciones del Emperador por medio de una puerta que, situada en esviaje, se dispone en el presbiterio por el lado de la epístola; a través de ella Carlos V podía oír misa desde su propia cama, esquema éste que aquí tiene su punto de partida y que posteriormente emplearía Felipe II en El Escorial. Se conservan en dicha iglesia monacal, entre otras, las siguientes obras:

Nave del evangelio: Retablo clasicista, del siglo XVII, que contiene diversos relicarios. Relicario de madera policromada en forma de antebrazo, del siglo XVII. Relicario de las mismas características y cronología que el anterior. Relicario en forma de busto de Santa con una teca en el pecho, del siglo XVII. Relicario de madera policromada en forma de óvalo a manera de marco, del siglo XVIII. Dos pirámides de madera policromada que, en su día, formarían parte del remate de algún retablo, del siglo XVII. Óleo sobre lienzo que representa a un Cristo atado a la columna, del siglo XVII. Púlpito de hierro forjado, del siglo XVIII.

Presbiterio: Retablo mayor realizado por el escultor y pintor riojano Antonio de Segura, en 1580, según encargo de Felipe II, cuya escritura de contratación data del 16 de junio de dicho año. Se hizo dicho retablo según traza de Juan de Herrrera. Es, por ello, obra muy clasicista, en la que cuatro grandes columnas con capiteles corintios sostienen un gran frontón partido con el escudo imperial en medio. En el banco, dos pinturas sobre tabla que representan a los cuatro padres de la iglesia occidental: a la izquierda, San Agustín y San Jerónimo, y a la derecha, San Gregorio y San Ambrosio. La parte central la ocupa un gran óleo sobre lienzo, la “Apoteosis de Carlos V”. Se trata de una copia que Antonio de Segura hizo del cuadro de Tiziano “La Adoración de la Santísima Trinidad”. En lo alto, a los lados del escudo del águila bicéfala, cuatro virtudes en impresionantes esculturas de bulto: Fortaleza, Justicia, Fe y Esperanza.

Nave de la epístola: Óleo sobre lienzo que representa la vuelta del hijo pródigo, del siglo XVII. Retablo clasicista, del siglo XVII, que hace juego con el retablo-relicario que hemos estudiado en el lado del evangelio.

A los pies de la iglesia: Óleo sobre lienzo, del siglo XVII, que representa a San Lorenzo. Óleo sobre lienzo, del siglo XVII, que representa a Santa Elena. Pila de agua bendita de jaspe, del siglo XVI.

Coro: Sillería coral realizada a fines del siglo XV y comienzos del XVI. Consta de 33 sitiales bajos y 31 altos, aunque hay que hacer la salvedad de que hay dos en la sacristía. La parte dorsal del trono principal tiene las armas del Obispo de Plasencia Don Gutierre Álvarez de Toledo (1498-1506), que fecha la sillería. Sin embargo, existen detalles de estilo plateresco que hacen avanzar la fecha de terminación al primer tercio del siglo XVI. Probablemente dio las trazas el maestro Rodrigo Alemán, aunque sería un oficial suyo el que la ejecutó. Desde luego, es de excelente calidad, como demuestra el relieve de San Jerónimo de la silla central.

Sacristía: Entre otras piezas, se conservan un Crucificado de fines del siglo XVI; una escultura policromada de Nuestra Señora con el Niño, del siglo XVIII; un óleo sobre lienzo que representa a San Joaquín con Santa Ana y San Juan, de mediados del siglo XVII, y arcones de madera y bustos para contener reliquias.

Antesacristía: Óleo sobre lienzo que representa a la Virgen María, de medio cuerpo y con cara aniñada; el marco, al parecer es de la época; es copia de una composición de Guido Reni, de fines del siglo XVII. Este lienzo tiene por detrás otro óleo en el que se representa un Ecce Homo, también de matiz italianizante, de fines del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, de parecidas características a los anteriores, que representa al Salvador y es copia de Guido Reni por Carlos Maratta, de fines del siglo XVII. Facistol de madera característico del siglo XVI.

Cripta: Es una habitación abovedada, que se encuentra debajo del altar mayor, en la que existe un ataúd de madera de castaño, apoyado sobre unas palomillas de hierro, en el que estuvo enterrado Carlos V antes de su traslado a El Escorial, por mandato de Felipe II, en el año 1574.

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