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La
renuncia a los bienes terrenos. San Francisco y los pajarillos. El milagro
de la fuente. Francisco ante el papa Honorio III. La muerte del caballero de
Celano. La aparición en el capítulo de Arlés. San Francisco recibido por las
clarisas. Los estigmas de San Francisco… Éstos son algunos de los títulos de
la serie de frescos de Giotto, sobre la vida de San Francisco de Asís, sitos
en la Basílica que lleva su nombre de esa ciudad italiana. Pero son también
algunas de las reproducciones en cerámica que podemos encontrar en la
iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Talavera La Nueva (conocida
coloquialmente como Talaverilla), un pequeño pueblo de Toledo junto a la más
populosa Talavera de la Reina.
Allá
por 1999, Juan Sánchez Mayoral, párroco de Alberche y de Talaverilla desde
hace 36 años, comenzó a darle vueltas a la idea de rendir un pequeño
homenaje a San Francisco: aunque patrón del pueblo, la única iglesia del
pueblo –asociada a la parroquia de Alberche–, tiene sin embargo como
advocación a la Asunción. Y San Francisco se merecía algo más. Así que, tras
unas cuantas ideas y venidas, inquietudes
arquitectónicas y deseos de
originalidad, surgió la idea: “Le comenté
a la junta parroquial la posibilidad de reproducir las pinturas de Giotto en
los laterales de la iglesia. Talavera es famosa por su cerámica y las
imágenes de Asís por su belleza. Me dijeron que sí, que comenzara a moverme
y a través de un amigo, franciscano en Italia, solicité todos los papeles,
fotografías de los mosaicos, los permisos… Me puse en contacto con un
artesano de aquí y empezamos a trabajar. Y menos mal que San Francisco me ha
echado unos cables”, comenta Juan. Porque la tarea de reproducir los frescos
no era ni vaga ni…gratuita. Para solucionar lo uno y lo otro removió Roma
con Santiago y ahora, a posteriori, puede hablarse del empeño del párroco,
de la maestría del artesano Luis González Santamaría y de la colaboración
del pueblo y de algunas instituciones.
Dejarlo terminado
La intención de Juan, en un principio, era reproducir un fresco al año: no
había fondos para más. Pero el párroco pensó que, una vez puestos en la
tarea –por cuyo empeño más de uno lo tildó de loco–, mejor era acelerar el
ritmo y dejarlo todo terminado que esperar continuaciones venideras. Así que
los artesanos empezaron con la tarea de copiar los ocho mosaicos elegidos
para las paredes del templo mientras Juan se movía en busca de subvenciones.
El
proceso de realización de los murales ha sido muy laborioso: “Cuando se tuvo
en el taller el material fotográfico de las escenas de Giotto, se colocó
una plancha de azulejos sobre una superficie del tamaño real del mural,
cuatro metros de alto por tres de ancho de media. Cubierta con una capa de
pintura especial blanca, se ampliaron las imágenes a esas dimensiones, para
luego ir calcando, punzón en mano, las siluetas en los azulejos. Ya con las
líneas de contorno, se pintó hasta tres veces cada mural y se metió al
horno”, explica Juan. Tres meses puede durar todo el proceso para una
réplica de las más grandes; un mes o dos para cualquiera de tamaño mediano.
Hay que tener en cuenta, además, la cantidad de personajes que aparecen
reflejados. Se reproduce minuciosamente cada pintura, desde las arrugas de
la cara hasta los pliegues de la ropa, con brillos, matices y escalas de
color. Cuanto más detallado, por otro lado, y lógicamente, más cara la
pieza. La financiación de los murales ha sido otra cuestión. “He intentado
moverme lo más posible y me he puesto colorado muchas veces, pidiendo aquí y
allá. Pero al final he conseguido ayudas del Ayuntamiento, que nos ha
regalado un mural; la parroquia, que ha financiado dos; la Junta de
Municipios de Castilla-La Mancha, la mitad de otro; la Diputación otro; el
artesano, otro más; una cooperativa agraria del pueblo, que lleva por nombre
San Francisco de Asís, uno más; una familia de aquí también; yo he aportado
para otro de los diez murales… Todavía tenemos que hacer más colectas y nos
hemos metido en un crédito, porque nos faltan alrededor de ocho millones,
pero nos teníamos que implicar todos y es lo que hemos hecho”. El párroco
habla de diez murales y dice bien: el Magníficat y el Canto de las
Criaturas, cuyo autor es San Francisco, aumentan hasta ese número la serie.

Además de las escenas laterales, un precioso arco de grecas originales,
también sobre azulejo, bajo el coro, une uno y otro lado de la iglesia. Un
medallón de San Francisco, dos imágenes de Asís y de Talaverilla, el símbolo
de la orden franciscana y otro medallón, de Santa Clara –fundadora de la
sección femenina de la orden franciscana–, completan la decoración del arco.
Imágenes de las dos ciudades que, lógicamente en contacto debido al
proyecto, se hermanaron espiritualmente el pasado 21 de septiembre.
“Viajamos a Italia más de la mitad del pueblo. Nos acogieron estupendamente,
en el Salón Papal del Sacro Convento, que sólo se abre para recibir al Papa
o cuando hay una reunión importante de los franciscanos, para elegir a su
general. El alcalde de nuestro pueblo regaló al custodio de la Basílica el
bastón de mando y la llave de Talaverilla y una reproducción a escala del
arco con los medallones. El custodio, Vincenzo Coli, nos entregó a su vez
una de las lamparillas que se intercambiaron los dirigentes de las distintas
iglesias reunidos en Asís en un encuentro ecuménico de hace años. También
tenemos una reliquia autentificada de los huesos del santo, que pondremos en
el altar”. Coli les devolverá la visita cuando esté finalizado el proyecto.
Pero para Juan la obra no ha terminado. Delante del altar mayor, bajo dos
púlpitos con tallas de la Inmaculada Concepción y de San Francisco, el
párroco va a instalar dos imágenes que reproduzcan el Antiguo y Nuevo
Testamentos: la Entrega de las Tablas de la Ley a Moisés en el Sinaí, para
el primero; el Sermón de las Bienaventuranzas, representativo del segundo.
En el presbiterio, también sin decorar hasta ahora, se mostrarán igualmente
en azulejo seis estampas de la vida de Cristo: un Nacimiento (San Francisco
fue el creador de los belenes), Jesús con los doctores en el templo, la
Eucaristía representada con la Multiplicación de los Panes y con la Cena de
los Apóstoles, la Crucifixión, la Resurrección y en la última la plenitud de
Iglesia, la llegada del Espíritu Santo. Aún cuando se inspirarán en pintores
clásicos, los trazos de Giotto no se reflejarán en esta ocasión. El retablo
central, por otro lado, estará rodeado de otro arco de greca que se elevará
sobre el pasillo superior del mismo con el fin de instalar en el espacio
intermedio el Cristo de San Damián. ¿San Damián? Otra feliz ocurrencia del
párroco, ya que se trata de un Cristo muy venerado por los franciscanos:
estando orando San Francisco en la iglesia de San Damián, ésta se venía
abajo y, según reza la tradición, el santo encomendó al franciscano su
reconstrucción.
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