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La península sobre la que se asienta el Palacio de la Magdalena, actual
sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, es un espacio
repleto de naturaleza, un lugar por donde pasear y disfrutar de una
jornada en familia. Además de dos espléndidos arenales, las playas de La
Magdalena y Bikinis, la península cuenta con un gran parque infantil, un
mini zoo, además de amplias zonas verdes y boscosas.
Transitando por la avenida de la Reina Victoria, que parte desde la
actual ubicación del Palacio de Festivales, se pueden admirar las
fachadas de un buen número de mansiones, así como disfrutar de las
excelentes vistas de la bahía. Los santanderinos cedieron esta parte de
su patrimonio paisajístico al rey Alfonso XIII. Javier González Riancho
y Gonzalo Bringas, arquitectos de Santander, fueron los encargados de
construir el Palacio de la Magdalena, con un presupuesto total de
setecientas mil pesetas, pagas por suscripción popular.
El Palacio es, sin duda, seña de identidad de la Península y uno de los
emblemas más reconocidos de la ciudad. Ubicado en la parte alta de La
Magdalena, se trata de una construcción ecléctica, entre el estilo
inglés de la reina Victoria Eugenia, que lo utilizo en un principio para
sus vacaciones veraniegas, y las aportaciones francesas que se expresan
en las escalinatas y en detalles de la fachada. En este mismo entorno,
en la zona más baja de la península de la Magdalena, al cabo de diez
años se construyeron las caballerizas, con atractivas aportaciones de
estilo georgiano.
Tras su inauguración en 1912 y hasta la década de los 40 se convirtió en
el lugar de veraneo de la realeza y la corte de España. A partir de
1932, por decisión del gobierno republicano, sus dependencias fueron
pasaron a ser sede de la Universidad Internacional de Verano. Con el
final de la guerra civil, la Casa Real cedió el edificio como centro
permanente de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Finalmente,
en 1977, don Juan de
Borbón vendió este paraje y todas sus estancias al
Ayuntamiento de Santander, por la simbólica cantidad de 150 millones de
las pesetas de entonces.
Hoy, ameniza la visita al Palacio, mini-zoológico.
Aprovechando los accidentes naturales de la costa se han instalado
piscinas de agua del mar para la contemplación de los animales:
pingüinos, focas, leones marinos, entre otros. También se hacen
recorridos en el un pequeño tren turístico que permite disfrutar de
excelentes panorámicas del entorno, de la isla de Mouro, el Sardinero y
el Puntal.
Una visita al Museo Marítimo del Cantábrico
El Museo Marítimo del Cantábrico, ubicado junto a la playa de Los
Peligros, en plena bahía santanderina, se convierte en un paseo por la
riqueza marina y el litoral del Cantábrico. Sus más de 7.000 metros
cuadrados están dispuestos en diferentes secciones temáticas que miran
al Mar Cantábrico desde diferentes perspectivas. La más espectacular es
la que corresponde al estudio de la Biología Marina de este mar; en ella
se ubican grandes e impresionantes acuarios, en los que se recogen casi
la totalidad de las especies marinas y las variedades de ambientes y
hábitats que existen en el Cantábrico.
Otra de las secciones incluidas es la que corresponde a la Etnografía
Pesquera, en ella se analizan las formas de vida de las gentes que han
vivido en y de este mar; los barcos, oficios e instrumentos que han
empleado a lo largo del tiempo y las técnicas de conservación y
comercialización de los productos obtenidos de su pesca. No se deja
pasar por alto la historia y acontecimientos que tuvieron lugar en el
Mar Cantábrico y por este motivo una sección del Museo se encarga de
recordar los hechos más relevantes acaecidos y su influencia posterior.
Por último se recoge una muestra de la tecnología marina que ha surcado
este mar, desde las embarcaciones más antiguas hasta las más modernas y
recientes, lo que supone un viaje desde el pasado más remoto hasta el
más reciente, descubriendo verdaderas joyas náuticas. En resumen, el
Museo Marítimo del Cantábrico consigue ofrecer a sus visitantes un
centro temático completo, moderno y que favorece la difusión y
conocimiento de la realidad de este rico, variado y desconocido mar, por
lo que constituye uno de los enclaves más interesantes y de obligada
visita en la actualidad, en una ciudad tan rica natural y culturalmente
como es Santander.
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