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Bien es sabido por todos los
asiduos a Santo Toribio de Liébana los numerosos reclamos con los que
cuenta la zona. Alrededor de este lugar se
encuentra un conjunto de ermitas y lugares de retiro y de oración de los
monjes de gran riqueza. Se trata de Cueva Santa, la Ermita de San
Miguel, la Ermita de Santa Catalina, la Ermita de San Juan de la
Casería, la Ermita de San Tirso y el Templo de San Sebastián de Ojedo. A
estas hay que sumar otros dos centros religiosos que destacan por su
relevancia histórica y su belleza arquitectónica, hablamos de Santa
María de Lebeña y Santa María la Real de Piasca.
Cueva Santa. Ubicada en
la ladera norte del monte de La Viorna, es una construcción prerrománica
que está excavada parte en la roca y en parte está realizada en sillería
y sillarejo. Cuenta la tradición que el Padre Prudencio de Sandoval se
retiró a este lugar en 1601 a orar.
La Ermita de San Miguel.
Situada en el extremo de la loma, se puede disfrutar desde este lugar de
una espectacular imagen del valle de Deva y de Potes. Solamente se
conserva del lugar el ábside o cabecera de planta rectangular, con
bóveda y arco triunfal apuntado, que es característico del siglo XIII.
La Ermita de Santa
Catalina. Las ruinas de esta ermita se levantan sobre la loma que
resguarda el monasterio. Del lugar se conserva la espadaña y los muros
del presbiterio que se unen a ella, y hay indicios de haber contado con
una bóveda de cañón apuntado. Corresponde esta edificación a los inicios
de la época gótica.
La Ermita de San Juan de la
Casería. Antes de llegar a Santo Toribio, en el pueblo de Mieses, y
muy cercano a la carretera, se encuentra esta ermita, ubicada muy
próxima a la granja del monasterio. Es una sencilla construcción
rectangular, con puerta de entrada en arco de medio punto y ábside
cuadrado, también de mampostería, que data de la misma época que las
anteriores.
La Ermita de San Tirso.
Construida en una zona de gran belleza, como es la localidad de Ojedo,
su origen data de los primeros siglos de la Reconquista, pero la actual
fábrica nos remite a finales de la época gótica. Cuenta con mucha
tradición la romería que se celebra en este lugar en el mes de agosto.
San Sebastián de Ojedo.
El origen de este templo hay que buscarlo en la antigua iglesia
prerrománica del siglo IX que se encontraba en el lugar que hoy ocupa la
capilla del cementerio y dependió de Santo Toribio. De ella solo se
conserva el marco de una celosía de piedra, de forma rectangular, con
decoración sogueada de influencia asturiana que ha perdido su tracería.
Su portada protogótica se encuentra en la actual iglesia parroquial.
Santa María de Lebeña.
En el impresionante desfiladero de La Hermida, en el municipio de
Cillorigo de Liébana, se encuentra enclavada esta ermita cuya iglesia
constituye el mejor ejemplo de arquitectura mozárabe de Cantabria. Según
narra la leyenda, Santa María de Lebeña fue construida por el conde
Alfonso en el año 925, aunque la torre y el pórtico fueron añadidos
posteriormente.
La importancia de esta ermita trasciende el ámbito regional y ocupa un
lugar relevante a nivel nacional. El pórtico, barroco, y la torre, de
finales del siglo XIX, han sido declarados Monumento Nacional. El
retablo barroco cuenta en el centro con una Virgen de Belén, que es
gótica, y que corresponde al siglo XV. El frontal del altar está tallado
con motivos cosmológicos cristianos.
Santa María la Real de
Piasca. A unos 12 kilómetros al este de Potes, en el municipio de
Cabezón de Liébana, se levanta esta ermita de la que se conserva la
iglesia y algunas dependencias de este otro gran monasterio
contemporáneo de Santo Toribio. Lo más valioso de este lugar es su
decoración escultórica con iconografía y temas simbólicos del románico
(dragones alados, caballeros que van a la guerra, leones, todo tipo de
monstruos, los oficios del siglo XII: herreros, caligrafistas, sastres,
celestinas…)
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