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La costa occidental
asturiana se extiende desde Cudillero hasta la frontera
con Galicia, marcada por la ría del Eo, un espacio
natural de lo más representativo del norte peninsular.
Las poblaciones de Figueras, Castropol, Vegadeo, Luarca,
Tapia de Casariego y Cudillero comparten este entorno
marítimo, un paisaje astur en el que además del mar
predomina el color verde.
Fotografía: Luis Medina
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En el extremo costero más occidental de Asturias
limitando con la vecina Galicia nos encontramos con Vegadeo, la
capital funcional de la comarca denominada
Oscos- Eo. De paisaje
suave configurado por los amplios valles que crean los ríos Suarón y Eo,
valles que se van estrechando y elevando a medida que avanzamos hacia el
sur, hasta alcanzar sus máximas cuotas en la espectacular Sierra de la
Babia. De entres sus recursos naturales, la reserva natural de la Ría del Eo
requiere mención especial, única en todo el Principado y verdadero tesoro
ornitológico, paraíso para los aficionados a la observación de aves. En la
propia ría se pueden realizar actividades náuticas como paseo en barco y
pesca marítima.
Para el viajero descubrir Castropol es descubrir sus pueblos llenos
de encanto y belleza donde aún es posible disfrutar de una serena paz y
vivir con sus gentes el lento discurrir del tiempo.
La desembocadura del río Eo,
de casi diez de longitud y una anchura media
de unos 800 metros. es una Reserva Natural Protegida. Un importante número
de aves acuáticas de diferentes especies buscan refugio y viven durante todo
el año en sus apacibles aguas, juncales y fangales que se forman en bajamar.
El Concejo de Castropol atesora un notable patrimonio arquitectónico civil y
religioso representado en notables ejemplos, tales como la Capilla de Santa
María del Campo, Villa Rosita. Casa Palacio de la Familia Bermúdez, Iglesia
Parroquial de Santiago, Palacio Valledor y Palacio del Marqués de Santa Cruz
de Marcenado.
Tapia de Casariego es uno de los concejos más visitados de Asturias
tanto por sus pintorescos paisajes como por su excelente ambiente estival.
La Villa de Tapia, típico puerto marinero, aprovecha un entrante del mar
entre dos promontorios en cuyas laderas se apiñan sus casas blancas.
El concejo de Valdés ofrece al viajero una gran variedad de paisajes, desde
su interior montañoso salpicado de pintorescas aldeas, pasando por bosques y
valles surcados por ríos donde la abundancia de especies como el salmón y la
trucha avalan su pureza, hasta alcanzar la rasa costera que alterna
imponentes acantilados con hermosas playas de fina arena y agua cristalina
como la Playa de Cadavedo, las Playas de Luarca, la playa de Taurán, Otur,
la playa de Sabucgo y playa de Barayo, compartida con la vecina Navia.
Más lejos de la costa, el Paisaje protegido de la cuenca del Esva esconde
unas gargantas de cuarcita de más de cuatrocientos metros de altura sobre el
río que son refugio de nutrias.
La
Villa de Luarca, la villa blanca de la costa verde, tan hermosa como
desconocida, cuya vida transcurre entre ríos y valles, deja ver en su
trazado urbano las piedras y los palacios y casonas el esplendor familiar valdesano, que desde Alfonso X, diera carta de nacimiento a esta villa. El
Palacio del Marqués de Ferrera y la Mesa de Mareantes son buenas muestras.
La villa es sede del Aula del Mar, donde se pueden observar ocho de los
calamares gigantes mejor conservados del mundo.
El concejo de Cudillero se ubica en la costa centro-occidental y cuenta con
una amplia fachada marítima, en la que predominan las calas rocosas, las
playas de arena fina y los acantilados. En el interior se sitúan verdes y
frondosos valles y al sur se alza la zona montañosa habitada por las
brañas vaqueiras de excepcional
belleza.
Cudillero
es un pintoresco pueblo pesquero con casas escalonadas sobre el mar en cuya
gastronomía rica y variada destacan los pescados de sabugo, el pixin o rape
y la lubina. De los mariscos: los percebes, los centollos, la langosta y los
oricios. En su cercanía en El Pitu se encuentra el conjunto palaciego de
Selgas, con sus interesantes jardines de estilo versallesco.
En su costa, dos visitas obligadas: el cabo de Vidio y la Playa del
Silencio. Ambas hablan por si solas de la fuerza del mar cantábrico.
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