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Miranda do Douro muestra
el carácter más propio de un pequeño pueblo a pesar de que la historia le otorgase el
título de ciudad. Este nombramiento fue producto de las rivalidades que mantenían las
jerarquías eclesiásticas de Miranda y Braganza. De aquellas rencillas aún escucha
Miranda el elogio de sus vecinos cuando afirman que la sacristía está en Braganza
pero la Catedral está en Miranda. Los otros, astutos y celosos, responden: si vas a
Miranda, ve la Catedral y vuélvete a casa.
Pero no le es suficiente
con su Catedral. Su historia también se recuerda en la contemplación de las ruinas del
palacio episcopal, hoy transformado en un café. No menos interesantes son las fachadas
medievales que se muestran a lo largo de la conocida Rua de Costanilha, el puente medieval
bajo el que corre el tímido río Fresno o la Fonte dos Canos, que sigue ahí desde el
siglo XVIII.
Y como no podía faltar,
en una pequeña bocacalle de la mencionada Rua de Costanilha, se encuentra el valioso
Museo de Terra de Miranda. Se trata de una original y extensa colección de objetos de lo
más singular. En esta exposición, el visitante podrá encontrase con algo tan simple
como una piedra, una pistola o con la fiel reconstrucción de una casa típica de la
región.
Puestos a llevarnos una
impresión más lúdica de la ciudad, es aconsejable dejarse ver por Miranda cuando la
celebración de sus fiestas, las llamadas de los Pauliteiros, en honor a Santa Bárbara,
el tercer domingo de agosto; o también cuando la Romaria Nosa Senhora do Nazo, los días
7 y 8 de septiembre.
La fiesta de los
Pauliteiros es una de las más curiosas convocatorias que es posible vivir en la región
de Tras os Montes. Hombres vestidos de blanco y con sombrero negro recorren las calles de
Miranda paloteando al son de danzas guerreras, al parecer herencia del pueblo griego.
Interesantes
son también las representaciones que se hacen los días 27 y 28 de diciembre. En los
pueblos cercanos a Miranda salen a la calle las figuras del velho y la velha.
Personajes que hacen una peculiar representación de viejas tradiciones paganas. Van
ataviados de manera extravagante y portando tripas de cerdo, con las que golpean a
aquellos vecinos que les niegan el aguinaldo. Estos, tienen total inmunidad y por estos
días son intocables, pueden incluso adentrarse en las viviendas y hacerse dueños de los
alimentos. No termina del todo mal esta original festividad, los productos y el dinero
obtenido durante esos días es llevado a la iglesia con el fin de hacérselos llegar a los
más necesitados.
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