Un
misil y unos cuantos cubos a su alrededor forman el particular reloj de sol
construido por Jaime Velilla y que se encuentra en el Regimiento de
Artillería que hay en la carretera que une Fuencarral con Alcobendas. Un
singular artilugio, muchas veces difícil de ver o fotografiar, puesto que
no siempre se permite el acceso al cuartel. Así comienza un itinerario que
pretende mostrar, siguiendo, cierta lógica, algunas de las muestras más
representativas de relojes de sol en Madrid.
En el
trayecto acompañarán durante el camino las cumbres de Guadarrama,
maquilladas por la nieve si se realiza éste se realiza en invierno. Aires
serranos, que permiten admirar el reloj de la Universidad de Comillas, a las
puertas de la residencia de dicho recinto. Fue un jesuita, quien trajo este
reloj de Estados Unidos para instalarlo en el Campus de Comillas.
Más
españoles se vuelven los aires en dirección a Colmenar Viejo, donde se
avistan perfectamente las recortadas formas, ora alentadoras, ora
fantasmagóricas de La Pedriza, que toman un impresionante color al
atardecer. Colmenar presume, en cuanto a relojes de sol de un pasado y un
presente. La esbelta torre de su iglesia, mira hacia la pequeña espadaña,
pues debajo de ella queda la varilla de lo que debió ser un antiguo reloj
de sol. Uno más moderno y, con ello, no menos bello, se sitúa detrás de
la iglesia, en la denominada calle del reloj.
En dirección a Soto, el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares se
hace más visible, no en vano su término municipal forma parte de dicho
parque. En esta localidad es posible ver en su iglesia parroquial un
antiquísimo reloj de sol, en no muy buen estado de conservación. En esta
especie de juego de "en busca del reloj perdido", Soto es uno de
los acertijos más difíciles. El reloj casi se halla oculto por un ciprés,
a unos tres metros del suelo. El viajero avispado lo verá rápido, aunque
puede despistarse y prolongar su visita sin ver el reloj.
De Soto a Guadalix de la Sierra. Allí también la iglesia parroquial espera
con calma las curiosas miradas en busca de su reloj de sol. Los ojos parecen
agrandarse para poder "palpar", más y mejor, las impresionantes
vistas que ofrece el Puerto de la Morcuera, que conduce hasta Rascafría. La
solera del Monasterio del Paular ya es visita obligada, no sólo por su
importante patrimonio.
Esta es la parada más importante de la ruta. En el
Claustro-Cementerio, en un templete se encuentran tres relojes con
orientación sur, sureste y suroeste. De los tres, uno de ellos es el más
importante, puesto que es el único que existe en España que tiene horas
babilónicas, es decir, aquellas horas que han pasado desde que sale el sol.
Al igual que el resto de relojes que se encuentran en la Comunidad de
Madrid, la documentación es escasa. En el caso del Paular y de este reloj
lateral, se sabe que lo hizo alguien llamado Galíndez, que fue pintor y
relojero mecánico. La quietud del Paular permitirán realizar un descanso
en la ruta para después continuar en dirección a Navacerrada.
Desde aquí,
el itinerario se dirige hacia Collado Mediano. Junto a su recoleta estación
de tren, a unos doscientos metros a la izquierda, en una casa particular
rodeada de jardines, yace un magnífico reloj de sol. Puede verse bien desde
el exterior, entre los arbustos.
El punto final a este itinerario lo ponen las dos meridianas que se
encuentran sobre sendas ventanas del Monasterio del Escorial. A través de
ambas oquedades, la luz se introduce dentro para marcar las horas.
La visita al propio monasterio, al igual que los parajes circundantes,
permitirán rematar la jornada. Seguramente, al finalizar la ruta, los
relojes "dormirán", en busca de nuevo horizonte que les permita,
de nuevo, marcar las "horas de la vida".