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Al pie de los
Montes Aquilianos, cuyos picos rondan y superan los dos
mil metros de altitud, se abren estrechos valles
surcados por arroyos que alimenta el deshielo, alguno de
nombre tan evocador con el Silencio. Y fue sin duda
buscando un lugar lejos del ruido del mundo como
llegaron hasta
aquí los monjes, hace ya más de mil años.
Fundación tras fundación, llegó a ser tal el número de
monasterios y tan activa la vida religiosa, que la zona
ha merecido el titulo de Tebadia Berciana.
Hoy, basta detenerse un momento y mirar alrededor para
comprender por qué algunos de ellos -Valerio, Frutuoso,
San Genadio, llegaron a alcanzar la santidad. |