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Desde
aquí se inicia la ruta que conduce hasta el impresionante monasterio de
Sant Pere de Rodes, al que se accede por carretera o bien caminando (unas
tres horas). Las vistas desde aquí son realmente espectaculares. En las
inmediaciones de Sant Pere de Rodes se encuentran los restos de la población
que surgió a su amparo, Santa Creu de Rodes, cuyo edificio más
importante, la iglesia de Santa Elena de Rodes, que se mantiene aún en
pie.
De
vuelta a El Port de la Selva el camino se dirige hacia Cadaqués.
Trece
kilómetros de sinuoso camino que ofrece vistas increíbles, especialmente
la que nos muestra la también villa marinera de Cadaqués. Una pista que
sale de la carretera de Cadaqués a Roses permite acceder a la ermita de
Sant Sebastià. Desde allí, un camino conduce hasta la cima del Puig
Pení,
de 605 metros de altura.
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San
Pere de Rodes
La silueta escarpada de este impresionante monasterio ha sido
inmortalizada por diferentes artistas a lo largo de los tiempos.
Muchos son las teorias que se han barajado sobre el origen de este
cenobio. Para unos, hubo un templo pagano dedicado a Afrodita Pyrene.
Para otros, tres sacerdotes que se vieron amenazados por la
presencia de babilonios depositaron en esta montaña unas reliquias
de San Pedro y huyeron por mar. En cualquier caso Sant Pere de Rodes
conoció su etapa de mayor esplendor desde el siglo X al siglo XIII.
Parte de este florecimiento se debe a un noble llamado Tassi y a su
hijo Hildesind. Ambos dedicaron su fortuna y sus vidas a engrandecer
el lugar.
Durante el siglo XI se consagró el templo actual
creciendo hasta el XIII, gracias a las numerosas donaciones y
privilegios. Pero es el siglo XIV cuando comenzará un progresivo
proceso de decadencia, con el consiguiente expolio de numerosas
riquezas, que culminará en el siglo XVIII con el abandono del
monasterio por parte de los últimos monjes que lo habitaban. El
abandono provocó el desplome de las construcciones que comenzaron a
ser restauradas en 1973 y que han permitido salvarlo de la ruina
total.
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