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Rutas y destinos por Andalucía
La alegría del
carnaval
llena las calles de
Cádiz
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Tiene seis siglos de historia y está como nuevo. Es el Carnaval de Cádiz, donde la ciudad se convierte en escenario y su gente en protagonista porque llega febrero. Es el mes del carnaval, el más esperado, marcado de rojo en el calendario porque los gaditanos llevan todo el año esperando para disfrazarse y disfrutar. Toda la ciudad es una juerga, pero sobre todo los barrios del casco histórico, y especialmente La Viña, acaparan la mayor parte de la fiesta, declarada oficialmente de interés turístico internacional.
Redacción
© revistaiberica
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Cabalgatas,
tablaos, actos gastronómicos... es difícil definir el carnaval y aún más
en Cádiz. Aunque oficialmente el carnaval empieza el día 16 de febrero
la ciudad ya está entregada a la fiesta desde antes. Tampoco el final
real de la fiesta coincide con el oficial, ya que aunque 26 de febrero
es domingo de piñata y un castillo de fuegos artificiales dice adiós a
la fiesta, el fin de semana siguiente tiene lugar el carnaval chiquito o
carnaval de los jartibles, los que todavía quieren más.
Primero llegan las degustaciones gastronómicas y el comienzo del
concurso de agrupaciones de Carnaval cuartetos, chirigotas, comparsas y
coros- que concluye el día 17 de febrero con la Final en El Gran Teatro
Falla. Un concurso que repasa con coplas y actuaciones sobre el
escenario y después en la calle- la actualidad gaditana, andaluza,
española y mundial, en clave de humor. Nadie se libra del ingenio y la
ironía de los letristas del carnaval de Cádiz.
La Gran Final del Teatro Falla da paso al carnaval en la calle y el
pueblo se hace el único protagonista de esta fiesta. El sábado 18 es el
pregón del carnaval en la plaza de San Antonio en un acto
multitudinario. Una noche en la que la ciudad multiplica su población.
La única regla es venir disfrazado de lo que sea y con ganas de
pasárselo bien. Sin lujos, con lo primero que se encuentre a mano.
Porque este no es el carnaval del glamour, sino el de las ganas de
reírse hasta de uno mismo y de bailar en la carpa.
De
día y de noche
El día siguiente no es menos multitudinario. El carnaval deja
momentáneamente su carácter nocturno y se desarrolla con el calor del
mediodía. El carrusel de coros toma las calles del centro y es un placer
escucharlos, tomando una copa, animándoles y cantando con ellos desde
las dos de la tarde. El año pasado, tras varios de ausencia el carrusel
retornaba a la Plaza del Marcado.
Los más pequeños prefieren disfrutar con la cabalgata magna que
atraviesa la Avenida en un desfile de color el domingo día 19 al caer la
tarde. De aquí a los fuegos artificiales con el mar de fondo. El lunes
20 el carrusel de coros vuelve a tomar el centro con un público menos
numeroso, al tratarse de un día festivo sólo en la ciudad de Cádiz.
En los días de entre semana el volumen de actos carnavalescos se reduce
ligeramente al ser días laborables. Es una buena oportunidad para
escuchar a las agrupaciones por los distintos tablaos que se instalan en
la ciudad y disfrutar de las ilegales en la Viña hasta altas horas de la
madrugada.
El viernes 24 de febrero vuelve la actividad frenética, Sólo quedan tres
días de carnaval y los gaditanos y visitantes quieren aprovechar hasta
el último segundo. La Viña, el barrio más típico del carnaval acoge un
nuevo carrusel de coros, en este caso nocturno. Es la excusa ideal para
pasar en las calles de este barrio la noche entera.
El
sábado de piñata la calle de la Palma, también en la Viña, es escenario
de la Cabalgata Chica. Por último, el domingo de piñata (26 de febrero)
el carnaval finaliza con la quema de la bruja Piti en la gaditana playa
de la Caleta, mientras, a pocos metros, desde el Castillo de San
Sebastián se lanzan los fuegos artificiales que ponen punto y final a
las fiestas de don Carnal para la mayoría. Y decimos la mayoría, porque
todavía queda un fin de semana de carácter oficioso. No es festivo ni
está recogido en ningún calendario oficial, pero las ganas de carnaval
del pueblo han hecho que el domingo siguiente al de piñata, este año el
4 de marzo, se celebre el llamado carnaval chiquito o carnaval de los
jartibles para aquellos que aún no han tenido bastante con 10 días de
carnaval y siguen con ganas de escuchar coplas. Ese día las agrupaciones
ilegales toman las calles e interpretan su repertorio ante un público
menos numeroso que durante el carnaval oficial. Es un acto más íntimo,
diferente a los populosos días de carnaval cuando es difícil andar por
la calle. El público es en su mayoría de la propia ciudad o de
localidades cercanas y es una buena oportunidad para escuchar la gracias
y el humor de estas agrupaciones de una forma más tranquila.
El entusiasmo del Carnaval de Cádiz se ha extendido a otros puntos de la
provincia, donde han ido naciendo celebraciones paralelas influidas por
las fiestas de la capital, cada uno con sus peculiaridades. Destaca la
Gran Cabalgata del Carnaval de Chipiona.
Seis
siglos de Historia
Los orígenes del carnaval de Cádiz se remontan a la segunda mitad del
siglo XV, con la llegada a la ciudad de comerciantes genoveses y se va
consolidando en los siglos siguientes, sobre todo a raíz de que la
ciudad se convirtiera en el principal puerto del Imperio Español hacia
América. En aquellos tiempos la ciudad era un enorme crisol cultural,
donde marinos de todos los rincones del mundo se cruzaban por sus
calles. Era especial la vinculación de la ciudad con los puertos del
norte de Italia y Venecia. Los esclavos africanos que también había en
la ciudad aportaron también sus ritmos y músicas surgiendo una fiesta
popular y anárquica.
Durante el siglo XVI la fiesta se consolidó, de hecho existen documentos
de la época que hablan del arraigo de las fiestas de Carnestolendas en
la ciudad. La Iglesia y su férrea disciplina nunca vieron con buenos
ojos esta fiesta de tantos excesos y tan cercana a la Cuaresma, por lo
que siempre presionó para eliminarla o rebajar su importancia, aunque el
pueblo nunca lo permitió.
Durante el asedio de Napoleón a la ciudad a comienzos del XIX, cuando
Cádiz era la única ciudad que resistió a las tropas francesas, nada pudo
evitar que los gaditanos celebrasen sus carnavales como siempre.
Durante
la dictadura del general Franco entre 1939 y 1975, los carnavales fueron
prohibidos por su carácter festivo y poco religiosos, pero el pueblo de
Cádiz una vez más desoyó las indicaciones oficiales, saliendo a la calle
disfrazados aún a riesgo de acabar en el calabozo. En esos años la
fiesta se trasladaba a los baches pequeños bares y tascas donde la gente
se reunía para cantar y disfrazarse a escondidas de las autoridades. En
estos años fue el propio carnaval el que se disfrazó pasándose a llamar
Fiestas típicas gaditanas. Para desvincularlas del carnaval, el régimen
dictaminó que se trasladasen en el calendario a mayo, con la excusa del
clima lluvioso de febrero. En esos años sólo en la localidad de
Trebujena, al norte de la provincia de Cádiz se mantuvo el carnaval en
el mes de febrero, lo que recuerdan con orgullo los trebujeneros.
Con la llegada de la democracia a finales de los 70, el carnaval volvió
a la calle y recuperó su esplendor. Desde entonces la fiesta ha
evolucionado atravesando el marco de lo local porque cada año son más
los aficionados de todos los puntos del país, y también de más allá de
sus fronteras que vienen a Cádiz, atraídos sobre todo por la fiesta en
la calle.
El origen de esta fiesta se basa en las fiestas de Don Carnal: unos días
de desenfreno justo antes de empezar la Cuaresma, el periodo de 40 días
anterior a la Semana Santa y donde los católicos se recogen y cambian
sus hábitos cotidianos.
Fuente: Patronato Provincial de Turismo de Cádiz
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