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El
Parque
Natural
fue creado en 1994. Además de la Sierra de Sintra y Colares,
alcanza el litoral de los cabos Raso y Da Roca, quedando también
protegida la zona más urbanizada próxima a Cascais. El dulce microclima
de estas montañas litorales, unido a la fertilidad del suelo, propicio
la aclimatación de especies exóticas, plantas en románticos parques y
jardines. De este modo, junto a castaños, robles, encinas, alcornoques y
madroños, sin olvidar las amplias manchas de pino manso, conviven
secuoyas, tuyas y abetos.
El parque
tiene
la particularidad de encontrarse cercano a la gran
capital de Lisboa y conservar intacta su esencia natural, coexistiendo
conjuntamente la Naturaleza y las zonas turísticas urbanizadas. En toda
su extensión, presenta una gran variedad de ambientes y paisajes,
incluyendo dunas, florestas, lagunas y una línea costera de inusual
belleza.
Por su
parte, la Sierra de Sintra forma el núcleo central del Parque Natural, y
han sido reconocidas sus excepcionales peculiaridades en todo el mundo,
siendo considerado como Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad. Por
ello, además de la reliquia arquitectónica de la ciudad de Sintra, la
Sierra es un monumento en si misma. Se siente que esta montaña es
mágica. Lo descubre el visitante y lo han percibido a lo largo de la
historia todos los habitantes de la zona. Esta mágica atracción de la
Sierra contribuyó a que fuera denominada Monte de la Luna, haciendo
referencia a las poderosas influencias de los astros.
Cabo de Roca
El punto
más occidental de la península Ibérica y por extensión de todo el
continente europeo se encuentra a tan solo dieciocho kilómetros de
Sintra. Lógicamente, se excluyen para su consideración los territorios
insulares de Irlanda e Islandia. Ha sido declarado paraje natural y un
monolito recuerda sus coordenadas geográficas: latitud norte 38º 47’;
longitud oeste 9º 30’. El cabo se encuentra en el lugar donde las
estribaciones de la sierra de Sintra llegan al mar, formando un
acantilado de más de ciento cuarenta metros de altura. La vegetación de
dispone a modo de almohadillada, a fin de resistir los embates del
viento, que sopla sin cesar. Es una excursión muy recomendable, además
de la contemplación de tan impresionante paisaje, el viajero puede
adquirir el correspondiente certificado oficial que da fe que el viajero
ha estado en el punto más occidental de la Europa continental.
Próxima a este privilegiado balcón natural, se encuentra la salvaje
playa de la Ursa o de la osa. Debe su nombre a una singular formación
rocosa que brota
del medio
del mar, frente a un pequeño arenal. La piedra de la Ursa (piedra de la
osa) debe su nombre, según cuenta la leyenda, por que una osa
desobedeció las órdenes de los dioses, negándose a emigrar hacia el
Norte con sus crías cuando los hielos que cubrían la Sierra de Sintra
comenzaban a derretirse en tiempos de la última glaciación. Enfadados
los dioses, convirtieron a la desobediente osa en una enorme piedra y a
sus crías en otras rocas más pequeñas, dispuestas para siempre en su
alrededor, en medio del mar.
La Boca del Infierno
Desde la
carretera que une Cascais con Malveira da Serra, pasando por Guincho se
encuentra este espectacular paisaje conocido como la Boca del Infierno.
Es un punto de la franja en el se interrumpen las formas calcáreas que
forman el litoral. La Boca del Infierno es famosa por su belleza y por
el espectáculo que brinda al visitante. No es fácil describir el
panorama que se observa cunado sopla el viento y la olas penetran por
entre los roquedos después de embestir contra los acantilados.
Es
difícil para el amante de la Naturaleza separarse de lo que queda atrás,
hacia poniente, o de cuanto se ve desde este afamado lugar de la costa
portuguesa, encuadrado en la Sierra de Sintra. Si Cascais es por sí solo
un complemento que enriquece el paisaje por la belleza que le es propia,
esa sierra, aunque desligada del litoral por la distancia y por la
naturaleza que tanto la distingue, confiere, si cabe, aún mayor grandeza
al panorama que domina.
Menos abrupta que la Boca del Infierno, aunque igualmente atractiva es
la porción costera de la afamada playa de Guincho. Se encuentra a tan
sólo seis kilómetros de Cascais. Es una amplísima y limpia playa
caracterizada por la frecuencia y el gran tamaño del oleaje. Un lugar
frecuentado por winsurfistas venidos de todo el planeta.
El tiempo que se dedique a la visita de la franja costera entre Cabo da
Roca y Cascais será un tiempo bien empleado. Pero el placer será aún
mayor si a la simple contemplación de las bellezas naturales del
litoral, se añade la de su marco geográfico, e incluso la que depara la
zona urbanizada que lo rodea, con sus exquisitos jardines y residencias.
A la vista de tal estampa, es comprensible que
estas playas hayan sido
de siempre uno de los destinos preferidos por la nobleza. Con el paso
del tiempo Sintra y Cascais han sabido mantener el atractivo de su
accidentada costa y sus playas, así como su espíritu marinero. Motivos
que hacen de la porción más occidental de la Península un excepcional
destino donde disfrutar y rememorar el esplendor de los pasados
reinados.
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