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Las
piedras que conforman fortaleza, murallas e iglesias emanan cierto aire de misterio,
emparentadas, sin duda, con las que, erguidas, encarnaron viejos ritos prehistóricos.
Mas, los dólmenes que pueblan estos parajes tienen su propia personalidad y la
familiaridad que muestran con respecto a Monsaraz no impide que la ciudad, en sí,
haya creado la suya propia. Identidad que no puede desligarse, sin embargo, de las
llanuras alentejanas, de la líquida línea fronteriza en la que se convierte el río Guadiana
hacia el oriente y de una historia que levantó el viejo castillo y hasta siete iglesias,
quizás demasiadas para el volumen de este pueblo.
Sea por unas cosas o por otras, la villa no
puede ocultar su formación medieval, favorecida por su particular situación geográfica
y por el buen mantenimiento de las silvestres orillas del Guadiana. Las
caracteristicas ancestrales de ciudad fortificada, albergan un caserio de profundo
caracter portugués o alentejano. Pero, también un conjunto arquitectónico extraño,
pues en estrecho crisol se funden construcciones populares, manuelinas y barrocas.
El mejor recorrido por Monsaraz
debe iniciarse entrando por la llamada Porta da Vila, que da acceso a unas
empinadas escaleras de piedra, en cuyo punto culminante ofrecen una preciosa panorámica
de todo el pueblo. La da Vila es puerta principal y los escalones conforman parte
de la calle principal del lugar, quizás la única que, a pesar de su pendiente, puede ser
considerada como tal.
Detrás o, mejor, alrededor, quedan las
murallas y el castillo. En éste, dominado por la Torre de Menagem (torre del
homenaje), de planta pentagonal, y construido en el siglo XIII por los monarcas Afonso
III y Dinis, además de la ya mencionada, se abren las puertas de Evora,
da Alcoba e da Cisterna. El perímetro medieval está protegido, a su vez,
por los baluartes levantados durante la época de la Guerra de Restauración de
1640, conformando un extenso conjunto militar que concede a Monsaraz una silueta
severa e imponente.
La Torre de Menagem, sita al final del
pueblo, formaba parte de una cadena de fortalezas que se extendía hasta alcanzar las
poblaciones de Mourâo, Moura y Serpa, por el sur, y Alandroal,
Elvas y Campo Maior, por el norte. De hecho, desde las murallas de Monsaraz
no es difícil contemplar, a lo lejos, el bien conservado castillo de Mourâo, ya
al otro lado del Guadiana, que guarda la iglesia de Nossa Senhora das Candeias
y enormes chimeneas redondas de clara influencia árabe.
Tres alcaldes
Monsaraz fue liberada del yugo
musulmán por Geraldo Sem Pavor en 1167, el mismo que reconquistó Evora.
Tras ser repoblada, pasó a ser posesión de la Orden del Temple de Jerusalén y,
tras la caída en desgracia de éstos, fue entregada, en 1319, a la Orden de Cristo,
cuyo fuerte se utiliza, actualmente, como plaza de toros. Mucho más adelante, en el año
1840, fue integrada en el concejo de Reguengos de Monsaraz, pero, antes, al formar
parte de la barrera defensiva Elvas-Juromenha-Olivenza-Mourâo, sufrió diversos
asaltos y fue escenario de algunas batallas, como el asalto de los artilleros ingleses
mandados por el Conde de Cambridge y la efímera ocupación realizada entre 1381 y
1384 por el rey de Castilla, aliado de Leonor Teles.
Hasta tres alcaldes (el condestable Nuno
Alvares; Mem Rodrigues de Vasconcelos, comandante del Ala dos Namorados
en Aljubarrota; y el constructor del castillo de Sâo Jorge da Mina, en Africa)
llegaron a gobernar una villa que se pobló, paulatinamente, de iglesias. Hasta un total
de siete construcciones religiosas, entre iglesias, capillas y ermitas, luce este pueblo.
En la Plaza Vieja, foro público rodeado de construcciones antiguas y desiguales,
pero plenamente significativos del ambiente social y religioso de la comunidad arcaica, se
encuentra la Iglesia de Misericordia fundada en 1525 y dotada con un bello retablo
de pintura primitiva protuguesa en el cual está representado el Descendimiento de la
Cruz.
También en esta plaza se
encuentra la iglesia matriz, bajo la advocación de Nossa Senhora da Lagoa. Fue
construida a mediados del siglo XVI por el maestro de pedrería Pero Gomes. Es un
buen ejemplo de la evolución estilística manierista popular de la arquitectura
alentejana. El edificio se distribuye sobre una planta cuadrangular, con tres naves, y
alberga buenos altares de talla dorada de los siglos XVII y XVIII. También conserva un
túmulo monumental de Gomes Martins, repoblador de la villa y valido de la reina Beatriz
de Castilla, mujer de Afonso III.
Aunque su estado de conservación es muy
diverso, merece la pena visitar la Capela de Sâo José o Pelourinho; las ermitas
de Sâo Joâo Baptista, considerada mezquita musulmana con frescos de 1622; Santa
Catarina, resto venerado de los templarios con cabecera poligonal; Sâo Bento, Sâo
Tiago y Sâo Lazaro, albergue de leprosos con portal gótico.
El paseo no debe acabar sin admirar la poco
corriente picota dieciochesca que aparece en la plaza, coronada por una esfera del
universo; los extintos Paços do Concelho (medievales y renacentistas) y la
preciosa decoración mural de la Sala do Tribunal, del siglo XV, única en su
género en Portugal.
Los
falos de Monsaraz >>>>> |